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Rosario Pandolfi

Rosario P.

  • Psicólogo clínico

Experiencia: 

20 años

Idioma: 

ES, EN

Certificados: 

1

Solicitó: 

Administración

Distrito: 

Manuel Alberti

  • Consultas
  • Mapa
  • Sobre el psicólogo
  • Educación
  • Reseñas/Recomendaciones 3/0
  • Calendario
  • Artículos 5
Competencias adicionales:
¿En qué puedo ayudar?

Trabajo con niños, adolescentes, adultos y parejas que atraviesan situaciones de malestar emocional, crisis vitales o dificultades vinculares.

En niños y adolescentes acompaño problemáticas vinculadas a ansiedad, dificultades emocionales y conductuales, conflictos escolares, baja autoestima, inseguridades, cambios familiares, adaptación a nuevas etapas y dificultades en los vínculos con pares y adultos.

En adultos abordo ansiedad, estrés, angustia, tristeza persistente, duelos, separaciones, conflictos vinculares, toma de decisiones, autoestima, cansancio emocional y procesos de cambio personal y profesional.

Trabajo con parejas que atraviesan кризис vinculares, dificultades en la comunicación, conflictos recurrentes, distanciamiento emocional, redefinición de acuerdos y reconfiguración de vínculos.

Acompaño también procesos de transición vital (adolescencia, cambios familiares, maternidad/paternidad, mediana edad, cambios laborales, nido vacío), desde un enfoque integrador, empático y orientado al bienestar emocional y relacional.

Acepto aquí

La dirección exacta de tu sesión presencial se puede acordar en el chat con el psicólogo 🤝

Dirección Las Camelias

Distrito Manuel Alberti

Soy Licenciada en Psicología, con experiencia en el trabajo clínico con niños, adolescentes, adultos y parejas. Me caracterizo por ofrecer un espacio de escucha empática, respetuosa y sin juicios, donde cada persona pueda sentirse comprendida y acompañada en su proceso.

Como profesional, trabajo desde un enfoque integrador, adaptando las herramientas terapéuticas a las necesidades, tiempos y objetivos de cada paciente. Considero fundamental construir un vínculo de confianza que permita explorar emociones, pensamientos y conductas de manera segura.

Acompaño procesos de autoconocimiento, desarrollo personal y resolución de conflictos, poniendo especial atención en el bienestar emocional, la calidad de los vínculos y el fortalecimiento de recursos personales.

Me interesa trabajar de manera cercana y comprometida, ayudando a las personas a comprender lo que les sucede, encontrar nuevas perspectivas y generar cambios concretos que impacten positivamente en su vida cotidiana.

La terapia conmigo se desarrolla en un espacio de escucha, respeto y confidencialidad. Trabajo desde una mirada cercana y profesional, adaptando el proceso a cada persona, sus tiempos y su momento vital. El objetivo es que quien consulta pueda comprender lo que le sucede, fortalecer recursos y construir cambios posibles y sostenidos.

La psicoterapia me permitió, tanto a nivel personal como profesional, comprender mejor los procesos subjetivos, valorar los tiempos de cada persona y sostener una escucha más empática y respetuosa.

Acompañar procesos para que el malestar encuentre palabras y sentido

Me interesan los espacios de desarrollo personal, el canto, la música y las actividades que promueven el bienestar emocional. Valoro el tiempo compartido con la familia, los amigos y el contacto con la naturaleza como parte del equilibrio personal.

Universidad de Buenos Aires (licenciatura en psicología)

Universidad de Belgrano (máster en psicología empresarial y organizacional)

Licenciada
Universidad de Buenos Aires
2004-2005

Me formo de manera continua en psicología clínica, evaluación psicológica y psicoterapia, integrando herramientas que me permiten acompañar a cada persona desde una mirada actual, ética y ajustada a sus necesidades. Participo regularmente en cursos, seminarios y espacios de supervisión profesional.

Reseñas y recomendaciones
3/0
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Camila

Recomienda

30.12.2025

Es una profesional muy cálida. Genera un espacio de confianza donde me siento escuchada y acompañada.

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Cande

Recomienda

30.12.2025

Rosario es amorosa y una gran profesional, y logró una conexión muy especial con mi hija Jazmín, quien disfruta y espera sus sesiones, sintiéndose contenida y escuchada. La acompañó con mucha sensibilidad en su cambio de colegio y estuvo presente incluso durante sus vacaciones. Como mamá, también me ayudó muchísimo a acompañar mejor a Jazmín. La recomiendo de corazón

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Jesica

Recomienda

30.12.2025

Empece con Rosario hace unos meses y la verdad que fue todo lo que necesitaba, me siento acompañada y puedo tener otra mirada por fuera de mi vínculos cotidianos, no fue fácil tomar la decisión de arrancar pero con ella desde el primer momento me sentí cómoda y pude abrirme desde la primer sesión, la recomiendo como profesional y como persona :)

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Artículos del psicólogo
5
Cuando amar duele: vínculos con personalidades narcisistas
Rosario P.
11.02.2026
Cuando amar duele: vínculos con personalidades narcisistas

<p>Algunas relaciones comienzan con intensidad, admiración y una sensación de conexión profunda. Sin embargo, con el tiempo, la dinámica puede volverse confusa: las conversaciones giran predominantemente en torno al otro, los propios límites se diluyen y el afecto parece condicionado al cumplimiento de expectativas implícitas.</p><p>Vincularse con una personalidad con rasgos narcisistas no siempre implica estar frente a alguien abiertamente grandioso o arrogante. En muchos casos se trata de personas con una marcada necesidad de validación, baja tolerancia a la crítica y dificultad para asumir errores.</p><p>El conflicto surge cuando el vínculo se vuelve asimétrico: uno sostiene, explica, regula y contiene; el otro exige, cuestiona o descalifica.</p><h2>Señales frecuentes en este tipo de vínculos</h2><p>Sensación persistente de no ser suficiente.</p><p>Culpa desproporcionada después de desacuerdos.</p><p>Dudas sobre la propia percepción (“¿estaré exagerando?”).</p><p>Miedo a establecer límites por temor a represalias emocionales.</p><p>Ciclos de idealización y posterior devaluación.</p><p>Estas dinámicas pueden generar un desgaste emocional progresivo y afectar la autoestima de quien se encuentra en la posición más vulnerable.</p><h2>¿Por qué resulta tan difícil poner límites o retirarse?</h2><p>Porque el vínculo suele alternar momentos de intensa conexión con etapas de distancia o frialdad. Esa intermitencia genera una dinámica de refuerzo variable: se busca recuperar la versión afectuosa del inicio.</p><p>Además, las estrategias de manipulación pueden ser sutiles: inversión de responsabilidades, minimización de emociones, descalificaciones encubiertas o cuestionamientos constantes a la capacidad parental o profesional.</p><p>El impacto no siempre es visible desde afuera, pero sí profundamente desestabilizador por dentro.</p><h2>Cuando hay hijos en común: cómo sostener límites sin intensificar el conflicto</h2><p>En contextos de coparentalidad, el vínculo no desaparece. Por el contrario, requiere interacción frecuente. En estos casos, el objetivo no es transformar la personalidad del otro, sino proteger la estabilidad emocional propia y la de los hijos.</p><h3>Algunas estrategias útiles:</h3><p><strong>1. Responder sólo a lo funcional</strong></p><p>Si la conversación deriva en ataques personales o intentos de descalificación (“no sos buena madre/padre”, “siempre hacés todo mal”), es recomendable no entrar en la discusión defensiva.</p><p>Responder únicamente a lo concreto vinculado a los hijos reduce la escalada emocional.</p><p>No todo mensaje requiere respuesta. Y no toda acusación necesita explicación.</p><p><strong>2. Priorizar la comunicación escrita</strong></p><p>Los intercambios por escrito ayudan a disminuir manipulaciones, evitan discusiones impulsivas y permiten mantener el foco en aspectos organizativos.</p><p><strong>3. Retirarse estratégicamente en encuentros presenciales</strong></p><p>Si durante un intercambio aparecen gestos hostiles o intentos de humillación frente a los hijos, finalizar la interacción de manera breve y natural puede ser una herramienta reguladora.</p><p>Alejarse sin confrontación no implica debilidad; implica preservar el clima emocional de los niños y evitar la exposición a tensiones innecesarias.</p><p><strong>4. No competir por el control</strong></p><p>Cuando una persona percibe pérdida de control sobre su ex pareja, puede intentar ejercerlo a través de los hijos. La reacción habitual es responder intentando controlar aún más.</p><p>Sin embargo, entrar en esa dinámica perpetúa el conflicto. El objetivo no es ganar poder, sino sostener coherencia y estabilidad.</p><p><strong>5. Diferenciar herida personal de bienestar infantil</strong></p><p>Ante cada conflicto, puede resultar útil preguntarse:<br>¿Esto afecta realmente a mis hijos o está activando una herida personal?</p><p>Esta distinción permite intervenir con mayor claridad y menor reactividad.</p><p><strong>6. Fortalecer la identidad fuera del conflicto</strong></p><p>Cuanto más sólida es la autoestima y la red de apoyo externa, menor impacto tienen las provocaciones. El acompañamiento terapéutico suele ser clave para reconstruir confianza en la propia percepción.</p><h2>Un punto importante</h2><p>Cuando la persona con rasgos narcisistas percibe que ya no genera la reacción emocional esperada, es posible que intensifique conductas provocadoras en un primer momento.</p><p>Esto no significa que la estrategia de límite esté fallando. Muchas veces indica que la dinámica habitual está cambiando.</p><p>Sostener coherencia en el tiempo es fundamental.</p><h2>Cuidarse no es egoísmo</h2><p>Reconocer que un vínculo duele no implica exageración.<br>Establecer límites no es agresión.<br>Retirarse de una dinámica dañina no es fracaso.</p><p>En algunos casos, la decisión más saludable no es cambiar al otro, sino modificar la manera de relacionarse.</p><p>El amor no debería hacer dudar de la propia percepción ni erosionar la autoestima de forma sostenida.</p><p>Buscar ayuda profesional puede ser un paso decisivo para comprender la dinámica, recuperar claridad emocional y construir vínculos más equilibrados.</p><p>No se trata de rendirse.<br>Se trata de dejar de bailar la música que el otro intenta marcar.</p><p>Cuando cambia la respuesta, cambia la escena.<br>Y allí comienza la verdadera recuperación.</p>

Adolescentes y tecnología: cómo acompañar sin entrar en guerra
Rosario P.
10.02.2026
Adolescentes y tecnología: cómo acompañar sin entrar en guerra

<p>A muchos padres les pasa algo parecido: pedirle a un adolescente que deje la computadora, el celular o la consola y recibir como respuesta un “¿qué querés que haga?”. Y, siendo honestos, muchas veces no hay una respuesta clara. Para ellos, la tecnología no es solo una distracción: es su principal espacio de juego, de comunicación con amigos y de pertenencia.</p><p>A diferencia de otras generaciones, muchos adolescentes no “salen a la esquina” ni tocan el timbre de un amigo. Se encuentran en línea, juegan juntos, hablan mientras juegan y se sienten parte de algo desde ahí. Por eso, cuando los adultos intentamos cortar ese espacio sin ofrecer una alternativa real, el límite se vive como una pérdida o como un castigo sin sentido.</p><p>Esto no significa que el uso de pantallas no deba tener límites. Los necesita. Pero esos límites funcionan mejor cuando están acompañados de comprensión y de propuestas posibles. Decir simplemente “apagá y salí” suele generar enojo, frustración o aislamiento, porque muchas veces no hay algo que resulte igual de atractivo o significativo.</p><p>Una pregunta clave para los adultos no es solo “¿cuántas horas está conectado?”, sino “¿qué lugar ocupa la tecnología en su vida?”. Para algunos adolescentes, la pantalla es un espacio de disfrute y socialización; para otros, puede convertirse en un refugio frente al aburrimiento, la ansiedad o la dificultad para vincularse cara a cara. Entender esta diferencia cambia por completo la forma de intervenir.</p><p>Muchas veces aparece la escena cotidiana: el adulto propone “hacé otra cosa” y el adolescente responde “¿qué?”. Y no lo dice desde la provocación, sino desde la realidad. Si no hay una propuesta concreta, salir de la pantalla se vuelve difícil. Por eso, acompañar implica, muchas veces, ayudar a construir alternativas.</p><p>Entonces, ¿qué podemos hacer como adultos? Algunas alternativas posibles.</p><p>Primero, aceptar que la tecnología es parte del mundo adolescente. No se trata de eliminarla, sino de evitar que sea lo único. Partir de esta base baja mucho el nivel de pelea y abre espacio al diálogo.</p><p>Proponer alternativas concretas, no abstractas. En lugar de “salí a hacer algo”, ayuda más ofrecer opciones reales: “¿te acompaño a caminar un rato?”, “¿querés entrenar algo conmigo?”, “¿cocinamos juntos?”, “¿vamos a ver a alguien?”. A veces no entusiasma al principio, pero el movimiento aparece después.</p><p>Armar rutinas previsibles. A los adolescentes, aunque no lo parezca, les ordena saber qué esperar. Definir horarios para el uso de pantallas, el descanso, el estudio y el tiempo libre reduce discusiones. No se trata de rigidez, sino de previsibilidad.</p><p>Acordar límites en lugar de imponerlos. Incluirlos en la conversación sobre horarios y usos genera mayor compromiso. Preguntar “¿cómo te parece que podemos organizarnos?” suele funcionar mejor que bajar una norma cerrada. No siempre estarán de acuerdo, pero sentirse parte del acuerdo cambia la posición.</p><p>Aceptar que el aburrimiento también cumple una función. No llenar todos los espacios ni buscar que estén entretenidos todo el tiempo permite que aparezcan intereses propios. El aburrimiento no es algo a evitar a toda costa; muchas veces es el inicio de algo nuevo.</p><p>Ofrecer presencia, no solo control. Sentarse cerca, compartir un rato, estar disponibles sin interrogar constantemente transmite acompañamiento. Muchas veces necesitan más presencia adulta de la que pueden pedir.</p><p>Habilitar espacios fuera de la pantalla que tengan sentido para ellos. Deportes, actividades artísticas, encuentros presenciales o proyectos propios ayudan cuando se eligen según sus intereses y no como castigo. Obligar suele generar rechazo; acompañar la elección genera pertenencia.</p><p>Revisar el modelo adulto. Resulta difícil pedirles que se desconecten si los adultos estamos todo el tiempo con el celular en la mano. No se trata de ser perfectos, sino de ser coherentes y revisar nuestras propias prácticas.</p><p>Estar atentos a las señales. Si la pantalla se vuelve el único espacio posible, aparece aislamiento marcado, irritabilidad constante o pérdida de interés por todo lo demás, puede ser momento de consultar. No para “sacar el celular”, sino para entender qué función está cumpliendo.</p><p>Pedir ayuda también es parte del cuidado. Acompañar adolescentes hoy no es fácil. No hay recetas únicas ni respuestas perfectas. Contar con un espacio profesional puede ayudar a pensar estrategias, aliviar la carga adulta y acompañar mejor este momento.</p><p>La tecnología forma parte de la vida de los adolescentes. El desafío no es pelear contra ella, sino ayudarlos a que no sea el único lugar donde juegan, se vinculan y se sienten vivos.</p>

Ansiedad en adolescentes: cuando crecer se vuelve abrumador
Rosario P.
10.02.2026
Ansiedad en adolescentes: cuando crecer se vuelve abrumador

<p>La adolescencia es una etapa de profundos cambios físicos, emocionales y vinculares. No se trata solo de una transición entre la niñez y la adultez, sino de un momento vital en el que se construye la identidad, se redefine el vínculo con los otros y se empieza a buscar un lugar propio en el mundo. En este proceso, la ansiedad aparece con mucha frecuencia, aunque no siempre sea fácil de reconocer ni de poner en palabras.</p><p>Muchos adolescentes no dicen “estoy ansioso”. En cambio, el malestar se manifiesta de otras maneras: irritabilidad, enojo sin causa aparente, aislamiento, desgano, cambios bruscos de humor, dificultad para concentrarse, problemas de sueño o una marcada desmotivación. En algunos casos, la ansiedad se expresa como una exigencia excesiva consigo mismos, miedo a equivocarse o una preocupación constante por el rendimiento académico, la imagen corporal o la aceptación social.</p><p>Vivimos en una época que expone a los adolescentes a múltiples presiones. Las expectativas escolares, familiares y sociales se combinan con la comparación permanente que imponen las redes sociales, donde parecer exitoso, seguro y feliz se vuelve casi una obligación. Esta sobreexposición puede generar una sensación constante de evaluación, que impacta directamente en la autoestima y en la seguridad personal.</p><p>La ansiedad en adolescentes suele estar vinculada al miedo a no encajar, a decepcionar a los adultos o a quedarse afuera de los grupos de pertenencia. Aparecen preguntas internas que muchas veces no se verbalizan: “¿soy suficiente?”, “¿estoy haciendo lo correcto?”, “¿qué esperan de mí?”. Cuando estas inquietudes no encuentran un espacio de escucha, el malestar se intensifica y puede afectar la confianza en sí mismos.</p><p>En muchos casos, la ansiedad se manifiesta a través del cuerpo. Dolores de panza, de cabeza, náuseas, cansancio extremo, sensación de opresión en el pecho o dificultad para respirar son formas frecuentes de expresar lo que no logra decirse con palabras. Estos síntomas suelen preocupar a las familias y, en ocasiones, son minimizados o atribuidos al estrés escolar. Sin embargo, el cuerpo también comunica, especialmente cuando las emociones resultan difíciles de nombrar.</p><p>El rol de los adultos es fundamental. Escuchar sin juzgar, validar lo que el adolescente siente y evitar respuestas como “no es para tanto” o “ya se te va a pasar” puede marcar una gran diferencia. Muchas veces no buscan soluciones inmediatas, sino sentirse comprendidos, tomados en serio y acompañados en lo que les pasa.</p><p>El espacio terapéutico ofrece un lugar propio, distinto al familiar y al escolar, donde el adolescente puede expresarse con mayor libertad. Allí es posible trabajar la ansiedad respetando sus tiempos, ayudándolo a entender qué le pasa, qué lo angustia y cómo desarrollar recursos emocionales para afrontar lo que siente sin quedar desbordado. La terapia no busca cambiar quiénes son, sino acompañarlos en el proceso de crecer con mayor seguridad y confianza.</p><p>Trabajar la ansiedad en la adolescencia no implica eliminarla, sino aprender a reconocerla y manejarla de una manera más saludable. Fortalecer la autoestima, aprender a poner en palabras lo que sienten, construir una identidad más sólida y habilitar el diálogo emocional son procesos clave en esta etapa.</p><p>Si la ansiedad empieza a interferir en la vida cotidiana del adolescente, en sus vínculos, en el estudio o en su bienestar general, pedir ayuda puede ser un paso importante. Acompañar a tiempo permite prevenir malestares mayores y brindar herramientas valiosas que pueden acompañarlos también en la adultez.</p><p>La adolescencia no tiene por qué vivirse desde el sufrimiento permanente. Con el acompañamiento adecuado, puede transformarse en una etapa de crecimiento, autoconocimiento y fortalecimiento personal.</p><p><strong>Algunos tips para padres y adultos referentes</strong></p><p>Escuchar sin apurarse a dar soluciones. Muchas veces, frente al malestar de un adolescente, la reacción inmediata es aconsejar, minimizar o intentar resolver rápido. Sin embargo, sentirse escuchado y comprendido suele ser más importante que recibir una solución inmediata.</p><p>Validar lo que siente, aunque no se entienda del todo. Frases como “veo que esto te angustia” o “entiendo que para vos es importante” ayudan a que el adolescente no se sienta exagerado ni descalificado. Validar no significa estar de acuerdo, sino reconocer el impacto emocional.</p><p>Evitar comparaciones. Compararlo con hermanos, compañeros o con uno mismo a su edad suele aumentar la ansiedad y el sentimiento de no estar a la altura. Cada adolescente transita esta etapa a su propio ritmo.</p><p>Estar atentos a los cambios. Aislamiento marcado, irritabilidad constante, alteraciones en el sueño, en el apetito o en el rendimiento escolar pueden ser señales de que algo no está bien. No se trata de alarmarse, sino de registrar y acompañar.</p><p>Ofrecer disponibilidad sin invadir. Saber que hay un adulto disponible, aunque no siempre se quiera hablar, brinda seguridad. Acompañar no es controlar, sino estar presentes.</p><p>Cuidar los mensajes sobre exigencia y rendimiento. Muchas veces, sin intención, se refuerza la idea de que “hay que poder con todo”. Habilitar el error, el descanso y la pausa también educa emocionalmente.</p><p>Consultar a tiempo. Pedir ayuda profesional no es un fracaso como padres, sino una forma de cuidado. La terapia puede ofrecer un espacio donde el adolescente encuentre herramientas y palabras propias para lo que le pasa.</p>

Preguntas y respuestas

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Pueden ayudar los siguientes aspectos:
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- Temas con los que trabaja/no trabaja el psicólogo y su formación. Para entender de antemano si tiene experiencia en tus temas.
- Formato de trabajo. Online u offline, ciudad, barrio, calendario: todo para tu comodidad.
- Costo. ¿Te sentirás cómodo financieramente?
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Recomendamos que discuta este asunto con su psicólogo. Los psicólogos tienen su propia política respecto a la cancelación o reprogramación de sesiones. La opción más común es la posibilidad de recibir un reembolso o reprogramar la sesión sin costo adicional, siempre que haya notificado los cambios al menos 24 horas antes de la sesión. Si la sesión ya se realizó o notificó la cancelación con menos de 24 horas de antelación, normalmente no se realiza el reembolso. Esta es una práctica estándar en el sector, que le da al psicólogo suficiente tiempo para ajustar su agenda y, posiblemente, ofrecer ese horario a otro cliente que lo necesite.

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¿Se puede cancelar o reprogramar la sesión?

Sí, en la mayoría de los casos puedes cancelar o reprogramar la sesión. Cada psicólogo tiene su propia política respecto a la cancelación o reprogramación de sesiones. Te recomendamos hablarlo personalmente.