Buscar a un psicólogo
Rodrigo Nicolás Quiroga Martínez

Rodrigo Nicolás Q.

  • Psicoterapeuta
  • Psicólogo
  • Psicólogo clínico
  • Psicólogo de crisis

Experiencia: 

10 años

Idioma: 

EN, ES

Certificados: 

5

Solicitó: 

Administración

El psicólogo no está aceptando nuevos clientes en este momento.
¡Seguimos buscando! 😉 Revisa el filtro de búsqueda: allí está justamente tu psicólogo.
Buscar a un psicólogo
  • Consultas
  • Sobre el psicólogo
  • Educación
  • Reseñas/Recomendaciones 0/0
  • Calendario
  • Artículos 3
No trabajo con:
Trastornos mentales
Menores de 16 años
Depresión
¿En qué puedo ayudar?

¿Alguna vez una pregunta te atravesó tan profundamente que sentiste partirte en dos? Eso es la Angustia, el eco de lo que no se resuelve.

¿Te encontraste frente a un límite que te frenó, como un muro invisible entre vos y lo que anhelabas? Eso es la Inhibición, el peso de lo que detiene.

¿Hay algo en vos que no reconocés como propio, pero sabés que te pertenece? Eso es un Síntoma, la voz enigmática de lo que busca ser escuchado.

En mi consultorio, acompaño a quienes lidian con estas experiencias, que se visten de formas diversas: ansiedad, crisis existenciales, vacío, soledad, aislamiento o miedos inexplicables. Cada historia merece ser narrada, y cada herida, transformada. Juntos, buscamos sentido en lo que parece no tenerlo.

Enfoques y métodos en los que trabajo:

Desde niño, el símbolo del Yin-Yang me cautivó. Esa dualidad que en realidad es unidad resonó profundamente en mí, marcando el inicio de mi fascinación por Oriente.

Japón, en particular, siempre ha sido un lugar que me llama, un espejo de mi búsqueda interior. He tenido el privilegio de viajar dos veces al país del sol naciente, y cada experiencia enriqueció mi forma de entender el mundo y mi labor como psicólogo.

Mi formación en psicoanálisis integra la sabiduría de terapias japonesas, creando un enfoque único, donde tradición y modernidad se encuentran para acompañar a quienes buscan sanar y crecer.

Siempre fui alguien con preguntas. Preguntas que a menudo chocaban con los mandatos familiares, pero que sentía eran necesarias de realizar.

Descubrí que quería ser psicólogo el día que me animé a ir a terapia; estudiaba Medicina (el plan familiar que tenía desde pequeño), pero algo faltaba, algo que no podía ignorar.

La psicoterapia me mostró que, más que respuestas, necesitaba volver a conectar con las preguntas correctas, esas que 'iluminan' el camino.

Como dijo Hegel, "solo los obstáculos le dan sentido a los propósitos". Para mí, esos obstáculos se convirtieron en puertas, y la terapia, en la llave para atravesarlas.

- Licenciado en Psicología en Univeridad de Buenos Aires.

- Posgrado en Psicoanálisis en Asociación Latinoamericana de Estudios Freudianos.

- Posgrado en mindfulness, meditación y respiración consciente en Escuela de Ecología del Ser Humano.

Licenciado
Ministerio de Salud de La Nación
08/09/2014
Licenciado
Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología
Finalizó el 26 de julio de 2013, diploma emitido el 16 de abril de 2014

- Motivational Interviewing en The Association for Psychological Therapies.

- Formación en Budismo esotérico en Temple Lodging Kakurinbo (Japón).

Ministerio de Salud, Ministerio de Educación
Técnico en Psicología
08/09/2014
The Association for Psychological Therapies
APT Level 1 Accredited Tutor
覚林坊
密数仏教の燥求
abril de 2023, Número de horas - 72
Escuela de Ecología del Ser Humano
Mindfulness, Meditación y Respiración Consciente
2015–2017, Número de horas - 160
Reseñas y recomendaciones
0/0
Aquí todavía no hay reseñas

¡Pero! Este especialista, al igual que todos los demás en terappio.com, ha sido cuidadosamente verificado por nuestro equipo y aceptado en la comunidad 😌

Aquí todavía no hay recomendaciones de colegas.

¡Pero! Este especialista, al igual que todos los demás en terappio.com, ha sido cuidadosamente verificado por nuestro equipo y aceptado en la comunidad 😌

Artículos del psicólogo
3
La Oscura Verdad del Budismo Zen
Rodrigo Nicolás Q.
12.05.2025
La Oscura Verdad del Budismo Zen

<h2><strong>La oscura verdad del Budismo Zen</strong></h2><h2><br><strong>Introducción</strong></h2><p>En un mundo donde la salud mental no es tanto un eje central como el marketing de la vida moderna, muchas personas buscan refugio en tradiciones espirituales orientales como el budismo zen. Sin embargo, si no se tienen las condiciones materiales que sustenten esa salud mental, lo que queda es una espiritualidad de mercado, una promesa vacía a la que solo se accede a través de gurús o coaching, pero no como derecho o posibilidad concreta para la mayoría. La promesa de paz interior, desapego y "dejar ir" el sufrimiento parece, en apariencia, compatible con los objetivos de la psicoterapia contemporánea. Pero ¿qué ocurre cuando ese mismo ideal de calma y resignación se convierte en una herramienta para justificar la violencia, la opresión o la pasividad ante el mal?</p><p>Este artículo explora, desde una perspectiva crítico-psicoanalítica e influenciada por Hegel, Freud, Lacan, Heidegger y especialmente Slavoj Žížek, el lado menos conocido de esta confluencia entre psicoterapia y espiritualidad oriental. Nos apoyamos en el trabajo del historiador Brian Victoria, quien denunció la complicidad de figuras budistas como D.T. Suzuki con el nacionalismo japonés y el militarismo del siglo XX. Asimismo, retomamos la crítica de Žížek al budismo como "ideología perfecta del capitalismo" y analizamos su controversia con Jordan Peterson para pensar el papel del sufrimiento, la libertad y las condiciones materiales en la salud mental.</p><h3><strong>La trampa del desapego: Suzuki, Himmler y la estetización del horror</strong></h3><p>Brian Victoria, en su libro <i>Zen at War</i>, documenta cómo D.T. Suzuki, uno de los principales divulgadores del budismo zen en Occidente, colaboró con el proyecto imperial japonés durante la Segunda Guerra Mundial. En sus escritos, Suzuki promovía una visión de la iluminación como un "vacío interior" que permite actuar sin apego, incluso en el campo de batalla. Esta idea fue adoptada, según Žížek, por figuras como Heinrich Himmler, quien veía en el las filosofías religiosas orientales una forma de "hacerse uno" con el acto que se ejecuta, sin dilemas morales: matar sin odiar. No hay conflicto si no hay sujeto dividido. Es la metanarrativa del desapego absoluto.</p><h3><strong>Metanarrativa: El relato que lo explica todo (y que puede ocultarlo todo)</strong></h3><p>Una <i>metanarrativa</i> es, en términos filosóficos, una historia totalizadora que da sentido a todas las demás historias. El progreso, la redención, la razón o el karma son ejemplos. Jean-François Lyotard criticó estas estructuras por ser potencialmente opresivas: al ofrecer un sentido universal, silencian las diferencias, la contingencia, <i>lo real</i>. En este sentido, el budismo zen puede operar como metanarrativa cuando propone que todo sufrimiento es ilusorio, que la aceptación total es la vía y que el deseo debe ser eliminado. Esto no solo puede negar el conflicto interno que nos constituye como sujetos (el "sujeto dividido" lacaniano), sino que también puede justificar la inacción ante el dolor del otro.</p><h3><strong>Zen y psicoterapia: ¿Liberación subjetiva sin transformación material?</strong></h3><p>Durante mi estancia en Minobu, Japón, observé cómo los monjes del templo insistían en que el budismo trata de "no sufrir". Pero esta promesa choca con una cuestión básica: <i>¿vale la pena una vida sin sufrimiento si ello implica renunciar a la tensión que nos transforma?</i> Freud mostró que el conflicto es constitutivo del psiquismo. Lacan profundizó en ello: el deseo nunca se satisface, y es en esa falta donde se funda el sujeto. Žížek agrega: si eliminamos el conflicto, no queda sujeto sino mera función. <i><strong>En psicoterapia, el objetivo no puede ser simplemente eliminar el malestar, sino transformarlo, sublimarlo.</strong> </i>Sin condiciones materiales dignas, sin reconocimiento simbólico, no hay espacio real para ese trabajo. No se puede ser libre si el cuerpo tiene hambre, si el sujeto está precarizado.</p><h3><strong>Conclusión: Hacia una psicoterapia crítica de la serenidad</strong></h3><p>El budismo zen puede ofrecer herramientas poderosas para observarnos, aquietarnos y convivir con lo incontrolable. Pero también puede, como cualquier ideología, operar como una metanarrativa que niega el conflicto, silencia el deseo y estetiza la violencia. La psicoterapia, en su versión más comprometida, debe cuestionar estas lógicas: debe ayudar a las personas a habitar su división, a reconocer la verdad de su deseo y a luchar por condiciones materiales que hagan posible no solo vivir, sino también desear. Porque como diría Hegel, lo real es racional, pero solo si se reconoce en su contradicción.</p>

Ikigai, la "fórmula secreta japonesa" para la felicidad.
Rodrigo Nicolás Q.
05.12.2024
Ikigai, la "fórmula secreta japonesa" para la felicidad.

<p>El <strong>ikigai</strong>, que podría traducirse como <i>"la razón para levantarse por la mañana"</i>, es un concepto que se origina en la isla de Okinawa, famosa por su alta longevidad (Tsukasa, 2010). Sin embargo, este término en Japón no es entendido como una fórmula universal para la felicidad. En lugar de representar un "propósito único" a seguir, el ikigai puede adoptar formas muy simples, como disfrutar del desayuno o compartir tiempo con un amigo. Como señala Kobayashi Tsukasa<i> (2010), el ikigai auténtico surge de una interacción dinámica entre el individuo, sus deseos y el sentido de valor que encuentra en sus relaciones y actividades cotidianas.</i></p><p>A pesar de ello, García y Miralles (2016) <strong>presentan el ikigai como un esquema que puede ser aplicado a cualquier vida, independientemente del contexto cultural o personal</strong>. En su libro, lo sintetizan como la intersección entre lo que amas, lo que eres bueno haciendo, lo que el mundo necesita y por lo que te pueden pagar. Aunque esta visión puede ser inspiradora, <i>reduce la riqueza del concepto a un modelo rígido que ignora las complejidades de la existencia humana.</i></p><h4>Las trampas de la felicidad prefabricada</h4><p>La idea de que seremos felices cuando encontremos nuestro propósito o "quien realmente somos" ha sido un mantra recurrente en la autoayuda contemporánea. Sin embargo, desde el psicoanálisis, esta noción plantea varias problemáticas. Sigmund Freud argumentó que <strong>los seres humanos somos expertos en sabotear nuestras propias búsquedas de felicidad</strong>, y que esta es, en el mejor de los casos, un momento fugaz, no una condición permanente (<i>El malestar en la cultura</i>, 1930).<i> La felicidad, dice Freud, irrumpe en nuestras vidas de manera inesperada, y no necesariamente a través de un plan minucioso.</i></p><p>Por otro lado, el filósofo esloveno Slavoj Žižek critica las fórmulas universales de autoayuda por su falta de contexto. Žižek señala que el propósito o la felicidad no pueden desligarse de las estructuras sociales en las que vivimos (Žižek, 2008). Por ejemplo, <i>¿cómo podría hablarse de ikigai en contextos de pobreza extrema o en sociedades profundamente desiguales?</i> <i><strong>¿Podría un trabajador precarizado encontrar su ikigai siguiendo los cuatro pasos propuestos por García y Miralles?</strong></i></p><h4>Máscaras, narrativas y el vacío</h4><p>El psicoanálisis lacaniano introduce otra perspectiva interesante. Jacques Lacan argumentaba que el ser humano no tiene un "yo verdadero" esperando ser descubierto; <strong>somos,</strong> más bien, <strong>un entramado de narrativas y máscaras que construimos en interacción con los demás</strong> (<i>Escritos</i>, 1966). En este sentido, la idea de "ser quien realmente eres" no solo es ilusoria, sino que puede ser contraproducente. <i>Si debajo de nuestras máscaras no hay nada, entonces nuestras narrativas, por imperfectas que sean, son esenciales para nuestra identidad.</i></p><p><i>Ikigai, desde esta perspectiva, podría ser rescatado como un concepto flexible y abierto, una invitación a encontrar pequeñas razones que nos empujen día a día.</i> En lugar de reducirlo a un ideal rígido, deberíamos verlo como una causa que alimente nuestro deseo, en el sentido freudiano del término.</p><h4>Conclusión: Una causa, no una receta</h4><p>Lejos de la visión idealista y comercial del ikigai, este concepto puede ofrecer un espacio de reflexión sobre lo que nos mueve, sin pretender ofrecer respuestas definitivas. En lugar de buscar una felicidad prefabricada, el ikigai nos invita a abrazar la ambigüedad y a encontrar satisfacción en las pequeñas interacciones cotidianas, entendiendo que la vida no siempre tiene un propósito claro, pero sí puede tener momentos de sentido.</p><p><strong>Quizás sea hora de dejar de buscar recetas universales y empezar a construir nuestras propias narrativas,</strong><i> una causa que cause deseo y, en el camino, permita que la felicidad irrumpa, aunque sea de manera fugaz e inesperada.</i></p><p><strong>Referencias</strong></p><ul><li>Freud, S. (1930). <i>El malestar en la cultura</i>.</li><li>García, H., &amp; Miralles, F. (2016). <i>Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz</i>.</li><li>Tsukasa, K. (2010). <i>The Japanese philosophy of ikigai</i>.</li><li>Žižek, S. (2008). <i>Violencia: Seis reflexiones marginales</i>.</li></ul>

La Nostalgia: Un Puente entre Japón y el Psicoanálisis.
Rodrigo Nicolás Q.
03.12.2024
La Nostalgia: Un Puente entre Japón y el Psicoanálisis.

<h3><strong>La nostalgia en el psicoanálisis: la pérdida como brújula</strong></h3><p>Freud, en su ensayo sobre el duelo y la melancolía, nos ofrece una clave fundamental: <strong>lo perdido nunca es simplemente un objeto, un lugar o un momento en el tiempo. Es siempre algo más profundo, un trozo de nuestra identidad.</strong> Cuando sentimos nostalgia, nos enfrentamos a esa pérdida no resuelta. El objeto de nuestro deseo puede parecer algo externo –una casa de la infancia, una relación, una época–, pero lo que realmente añoramos es <strong>la parte de nosotros mismos que quedó atrapada en ese recuerdo.</strong></p><p>Lacan, siguiendo este hilo, habla del <strong>“sujeto supuesto al saber”</strong>, ese Otro imaginado al que le atribuimos las respuestas que buscamos. En el caso de la nostalgia, <strong>este “sujeto supuesto” puede ser el pasado, al que idealizamos como un lugar de completud.</strong> Pero Lacan nos recuerda algo crucial: <strong>ese pasado nunca existió como lo imaginamos.</strong> El deseo de volver allí no es más que el reflejo de nuestra búsqueda interminable de lo que creemos que nos falta.</p><h3><strong>Mono no aware: la nostalgia en clave japonesa</strong></h3><p>En Japón, la nostalgia se vive desde un lugar diferente. Existe un término fascinante que encapsula esta sensibilidad: <strong>mono no aware (物の哀れ)</strong>. Este concepto, difícil de traducir, puede entenderse como <strong>la tristeza melancólica ante la impermanencia de las cosas, pero también como una apreciación profunda de su belleza efímera.</strong></p><p>Un ejemplo icónico de <i>mono no aware</i> es la contemplación de los cerezos en flor. Los japoneses celebran su breve florecimiento no con tristeza, sino con un asombro reverente. <strong>Saben que esas flores caerán pronto, y en esa fugacidad encuentran su valor.</strong> No se trata de añorar lo que se pierde, sino de aprender a habitar el presente con la conciencia de que nada dura para siempre.</p><p>En mi propio viaje, Japón no ha sido solo un lugar que visité, sino un espacio que llevo tatuado en mi piel. <strong>Mi cuerpo, marcado con un </strong><i><strong>horimono</strong></i><strong> tradicional japonés, es un puente silencioso entre mi experiencia psicoanalítica y la filosofía japonesa.</strong> Allí entendí que el vacío que Freud y Lacan describen en el inconsciente también resuena en la estética japonesa, donde el vacío no es algo que temer, sino algo que apreciar.</p><p>Los jardines zen son un ejemplo de esto. Diseñados para contemplar el espacio vacío entre las piedras, <strong>nos enseñan que lo importante no siempre está en lo que vemos, sino en lo que sentimos en los silencios, en los vacíos.</strong> Ese mismo principio se aplica a la nostalgia: <strong>lo que duele no es lo que falta, sino la forma en que habitamos ese vacío.</strong></p><h3><strong>La nostalgia como síntoma y como guía</strong></h3><p>En el consultorio, la nostalgia aparece muchas veces disfrazada. <strong>Algunos la llaman tristeza, otros ansiedad. Pero, al escuchar atentamente, siempre emerge el deseo.</strong> Un deseo no solo de volver al pasado, sino de volver a conectarse con una parte olvidada de sí mismos. Freud hablaba de “las piedras de tropiezo” del inconsciente, esas pequeñas huellas que nos llevan a repetir lo que no logramos elaborar. La nostalgia es una de esas piedras: un síntoma que nos señala algo por resolver.</p><p><strong>Japón, con su filosofía del </strong><i><strong>mono no aware</strong></i><strong>, nos ofrece otra forma de abordar este síntoma.</strong> En lugar de buscar respuestas definitivas o soluciones mágicas, nos invita a <strong>habitar las preguntas, aceptar la impermanencia y aprender a encontrar belleza en lo que no podemos retener.</strong> Este enfoque no contradice al psicoanálisis, sino que lo complementa: ambos reconocen que lo esencial no está en llenar el vacío, sino en comprenderlo.</p><h3><strong>La nostalgia como espejo</strong></h3><p>Escribir sobre la nostalgia me lleva a reflexionar sobre mi propio recorrido. <strong>Desde el diván, donde he escuchado tantas historias de pérdidas, angustias y deseos, hasta Japón, donde aprendí a ver la belleza en lo fugaz,</strong> mi camino ha sido un diálogo constante entre estas dos perspectivas. La nostalgia, como puente entre lo individual y lo universal, nos enseña que lo que buscamos no está afuera, ni en el pasado, ni siquiera en los otros. <strong>Está en nuestra capacidad de mirar hacia adentro y encontrar, en el vacío, un espacio para habitar.</strong></p><h3><strong>Conclusión</strong></h3><p>La nostalgia no es un defecto ni una debilidad. <strong>Es una brújula que nos conecta con lo que hemos sido y con lo que queremos ser.</strong> Tanto el psicoanálisis como la cultura japonesa nos invitan a mirarla de frente, no para resolverla, sino para comprenderla. Porque, al final, <strong>no hay respuestas fáciles, pero sí una certeza: la nostalgia, cuando la abrazamos, puede ser el espejo en el que descubrimos nuestra propia humanidad.</strong></p>

Preguntas y respuestas

¿No sabes cómo elegir a un psicólogo? 🕵️‍♀️

Pueden ayudar los siguientes aspectos:
- Foto y videopresentación. Ayudan a tener una primera impresión.
- Temas con los que trabaja/no trabaja el psicólogo y su formación. Para entender de antemano si tiene experiencia en tus temas.
- Formato de trabajo. Online u offline, ciudad, barrio, calendario: todo para tu comodidad.
- Costo. ¿Te sentirás cómodo financieramente?
- Sensaciones. Escucha tu reacción interna al perfil: simpatía, confianza, curiosidad, tu intuición; eso también es un criterio importante.
Todos los psicólogos y psicoterapeutas en terappio están verificados y tienen la formación adecuada. Aquí hay profesionales en quienes puedes confiar.

¿Cómo y cuándo se realiza el pago?

Pagas las sesiones directamente al psicólogo, sin nuestra intermediación, pagos adicionales ni comisiones. Aconsejamos a los psicólogos solicitar un 50% de anticipo para las sesiones presenciales y un 100% de anticipo para las sesiones online. Esto es necesario para garantizar el pago por parte del cliente. Sin embargo, algunos psicólogos pueden aceptar el pago después de la sesión. El pago se realiza de la manera que sea más conveniente para ambos. Podrán discutir esto y otras preguntas directamente en el chat.

¿Puedo obtener un reembolso?

Recomendamos que discuta este asunto con su psicólogo. Los psicólogos tienen su propia política respecto a la cancelación o reprogramación de sesiones. La opción más común es la posibilidad de recibir un reembolso o reprogramar la sesión sin costo adicional, siempre que haya notificado los cambios al menos 24 horas antes de la sesión. Si la sesión ya se realizó o notificó la cancelación con menos de 24 horas de antelación, normalmente no se realiza el reembolso. Esta es una práctica estándar en el sector, que le da al psicólogo suficiente tiempo para ajustar su agenda y, posiblemente, ofrecer ese horario a otro cliente que lo necesite.

He dejado una solicitud. ¿Cuándo me escribirán?

Si dejaste tu solicitud entre las 9:00 y las 21:00, uno de nuestros gestores creará un chat conjunto para ti con un psicólogo en el mensajero que prefieras en un plazo de 5 minutos. Si dejaste tu solicitud después de las 21:00, el chat se creará a la mañana siguiente. Aconsejamos a los psicólogos que se pongan en contacto contigo en un plazo de 2 horas, pero a veces pueden producirse retrasos por su parte (¡su agenda puede estar bastante ocupada!).

¿Se puede cancelar o reprogramar la sesión?

Sí, en la mayoría de los casos puedes cancelar o reprogramar la sesión. Cada psicólogo tiene su propia política respecto a la cancelación o reprogramación de sesiones. Te recomendamos hablarlo personalmente.