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Adolescencia. El corte como modo de restitución subjetiva

Autor: Maria Alejandra Gotelli , 21/04/2026 (1 vista)
Psicología del adolescente, Emociones y sentimientos, Autoidentificación, Autolesiones
Adolescencia. El corte como modo de restitución subjetiva

Se trata de pensar las vicisitudes subjetivas que acompañan el pasaje puberal y las transformaciones que éste impone al cuerpo y a los modos de lazo.

Un gran número de adolescentes  en la actualidad recurren a la autolesión, fenómeno que permite pensar las vicisitudes subjetivas que acompañan el pasaje puberal y las transformaciones que éste impone al cuerpo y a los modos de lazo. Las lesiones en la piel se presentaban como un intento de respuesta frente a la angustia producida por la pérdida de los referentes infantiles y la dificultad de inscribirse en una nueva posición subjetiva, a veces emparentado con el duelo a la imposibilidad de no poder volver a lo de antes, la etapa infantil. Se presenta como una forma de resistencia frente a las exigencias del mundo contemporáneo. 

El acto de cortarse puede pensarse, como un intento de inscripción ante un déficit simbólico. En la adolescencia, la irrupción pulsional y la redefinición de los vínculos reeditan carencias narcisistas que dejan al sujeto en una posición de vulnerabilidad frente a su propio cuerpo. Como señala Bower (2017), el adolescente se enfrenta al desafío de reconfigurar los bordes entre sí mismo y el mundo, y cuando el límite simbólico se encuentra debilitado, “la piel se instituye como el dispositivo de separación entre el mundo interno y el externo”, transformándose en el soporte donde se juega esa demarcación. De este modo, el corte aparece como un intento de sostener el límite allí donde el significante falla.

El corte es también un recurso que emerge cuando el sujeto se siente desalojado del Otro. Lacan, en sus definiciones sobre la angustia acerca una síntesis conceptual a partir de la cual considera que es un avance que desborda el cuerpo y desorganiza la unidad totalizante del yo. En este sentido, Esteban (2025) refiere que “Freud delimita la inhibición a un asunto de cuerpo, Lacan lo enfatiza al señalar que lo que la angustia manifiesta es “miedo de nuestro cuerpo” y justifica que se prefiera siempre la culpa, abandono del deseo, a ésta.”

Tal como describe Dartiguelongue (2014), en ciertos casos el corte no constituye un acto suicida ni un daño a sí mismo, sino una “solución eficaz en su solipsismo e inmediatez” que permite al sujeto aliviar la angustia derivada de haber sido desalojado del Otro. La autora enfatiza que, frente a la imposibilidad de tramitar simbólicamente esa destitución subjetiva, los cortes se erigen como una “restitución de la condición subjetiva”, una operación significante no discursiva que devuelve al sujeto su soporte. En la misma línea, Bower (2017) propone que el fenómeno del cutting puede ser comprendido como una “escritura en el cuerpo”, un modo de inscripción en la carne que intenta suplir una falta de mediación simbólica.

El dolor y la herida, entonces, no se reducen a un mero daño físico, sino que adquieren el valor de una operación simbólica sobre lo real. Como sostiene Bower (2017), el acto de cortarse funciona “como freno temporario a un dolor psíquico innombrable”, una tentativa de “mantener a raya la angustia” cuando el lazo con el Otro se debilita. De modo similar, Dartiguelongue (2014) destaca que el trazo sobre la piel cumple la función de “localizar en la superficie del cuerpo” el exceso de angustia, permitiendo cierta fijación del desborde real y restableciendo, aunque de modo precario, la consistencia imaginaria del cuerpo.

Estas lecturas convergen en pensar la autolesión no como un simple síntoma de riesgo, sino como una respuesta subjetiva frente a la caída del soporte simbólico que anudaba al sujeto. La práctica del corte puede considerarse, siguiendo a Dartiguelongue (2014), una “reparación híbrida” que anuda momentáneamente los registros simbólico, imaginario y real, sin alcanzar la estabilidad de un sinthome, pero operando como una solución transitoria frente al desencadenamiento de la angustia.

En la clínica será donde comience a ponerse palabras en relación al corte y entonces, en términos de Bower (2017), este pasaje puede entenderse como el tránsito desde una “operación real sobre el cuerpo” hacia una “operación simbólica sobre el deseo”, donde la marca escrita en la piel comienza a ceder su lugar a la palabra.

De este modo, el trabajo analítico se orienta a que el acto se revista de significación y que la angustia encuentre un tratamiento en el lazo con el Otro. El corte, como señala Dartiguelongue (2014), constituye una tentativa de restitución subjetiva, pero solo el discurso analítico permite que esa tentativa se transforme en una verdadera elaboración. En la adolescencia, donde el cuerpo se presenta como escenario de pasaje y conflicto, la intervención analítica puede ofrecer un espacio donde lo que antes se escribía en la carne pueda ser tramitado por la vía del lenguaje, abriendo la posibilidad de una inscripción simbólica más durable.
 

Referencias

Bower, Lorena (2017). Conductas de riesgo en el adolescente. El fenómeno del cutting y su valor de inscripción. IX Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XXIV. Jornadas de Investigación XIII Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología - Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Dartiguelongue, Josefina (2014). Síntomas contemporáneos: sobre la práctica del cutting, cortes sobre el cuerpo. Jornadas Jacques Lacan y la Psicopatología. Psicopatología Cátedra II - Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Esteban, M. (22-23 de noviembre de 2025). El acto a-tiempo. Clínica de las consecuencias [Disertación]. XXIV Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, Málaga, España. https://acto.jornadaselp.com/el-acto/eje-sintoma-angustia-y-acto-analitico/

Lacan, J. (1962–1963). El seminario, Libro 10: La angustia. Buenos Aires: Paidós.

Freud, S. (1926/1992). Inhibición, síntoma y angustia. En Obras completas (Vol. 20). Buenos Aires: Amorrortu.

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