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Jessica Rubio

Jessica R.

  • Psicoterapeuta

Experiencia: 

10 años

Idioma: 

ES

Certificados: 

1

Solicitó: 

Administración

Distrito: 

Barrio 1

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  • Educación
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No trabajo con:
Trastornos mentales
¿En qué puedo ayudar?

Sentido de vida y Propósito, Problemas emocionales y estados de ánimo, Miedo y Ansiedad, Duelo y Pérdida, Manejo de la Ira, Imagen Corporal, Vergüenza y Culpa, Conexión Social, Celos y Envidia, Hábitos de Sueño, Exploración de Identidad, Patrones de Pensamiento Negativos, Adicción, Técnicas de Manejo del Estrés, Toma de Decisiones, Comunicación en Pareja, Espiritualidad, Preguntas Existenciales, Establecimiento de Metas, Soledad, Empatía.

Adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores.

Acepto aquí

Dirección Jirón Manuel Belgrano

Distrito Barrio 1

Enfoques y métodos en los que trabajo:

Mi nombre es Jessica, me considero más que una persona un “ser humano”, con miles de experiencias, sueños y desafíos; vulnerablemente fuerte, muy proactiva, honesta y responsable, auténtica, amable, tolerante, paciente; pero con limites, respetuosa, abierta siempre al dialogo y a los cambios, de escucha activa y flexible; y como todo ser humano con miles de matices y contradicciones.

Muchas de mis habilidades y orientaciones me llevaron al mundo de la Psicología, Psicoterapia, Teatro, voluntariado; entre otros.

Y es en base a todo lo que he vivido, que pude y sigo armando mi historia.

Esta profesión me ha dado mucho y me sigue ayudando a encontrar sentido en acompañar y escuchar a las personas en sus procesos de cambio y crecimiento personal.

Cada historia me sigue dando un motivo para creer en la capacidad humana de resiliencia y transformación.

Mi labor como psicoterapeuta me ha permitido acompañar a personas en procesos de transformación profunda, donde descubren nuevas fortalezas, activan cambios reales y logran reconectarse consigo mismos y con su sentido de vida.

Y en un espacio seguro y privado, sigo interactuando con seres humanos que al igual que yo buscan entenderse, amarse y encontrar un significado más profundo y satisfactorio en sus vidas.

Enfrentamos las tormentas y le damos a nuestra mente y corazón esa calma para seguir adelante.

(Psicoterapia – Logoterapia)

D´Mente

Trabajo la Mente con el Corazón

Esta profesión me ha dado mucho y me sigue ayudando a encontrar sentido en acompañar y escuchar a las personas en sus procesos de cambio y crecimiento personal.

Cada historia me sigue dando un motivo para creer en la capacidad humana de resiliencia y transformación.

Mi labor como psicoterapeuta me ha permitido acompañar a personas en procesos de transformación profunda, donde descubren nuevas fortalezas, activan cambios reales y logran reconectarse consigo mismos y con su sentido de vida.

Trabajo la Mente con el Corazón

Siempre hay un momento en el día para acompañarse de un buen libro (aprendo, me distraigo, me resueno, fantaseo y también aterrizo)

El escribir cada día, una frase, un episodio de mi vida, un tema que llame mi atención o el decir a otro o a mí mismo lo que muchas veces no se puede decir con la palabra, es un desfogue diario en mi vida.

La música es mi fiel compañera, me anima, me motiva, o simplemente serena y en silencio camina a mi lado en mis días de ausencia.

La Filosofía me atrapo en un momento de mi vida, por ella conocí personajes increíbles, tome de ellos lo común a mi razonamiento y elabore mi propio pensamiento, flexible, sensible, empático y espiritual

El baile, es una de mis mayores distracciones, me gusta bailar, pero mas observar, el cuerpo habla, dice mucho a través de sus movimientos, me emociona y me llena de energía

Disfruto mucho yendo al teatro, cualquier género, me transporta a otras realidades, distrae la mente y el corazón

Caminar por la orilla del mar o por un campo verde descansan mi mente, mis sentidos cobran más importancia y mi cuerpo se relaja ante tanta calma.

Viajar, sobre todo esos viajes que llamamos a veces escapadas, de desconexión, donde solo llevas lo necesario y lo que sobra lo dejas en la ciudad.

-2015 – 2018

Psicoterapia – Logoterapia

APAEL, Lima

-2008-2009

Bienes Raíces

Universidad Nacional de Ingeniería, Lima

-1996-1999

Producción de TV, Productora

INICTEL, Lima

-1995-1996

Actuación

MUSEO DE ARTE DE LIMA, Lima

-1991-1995

Psicología

UNIFE, Lima

-UNIFE - Universidad Femenina del Sagrado Corazón

Psicología

-Apael - Formación en Psicoterapia - Logoterapia

-Despertares - Entrenamiento en Educación artística e inclusión de Discapacidad.

-Participación en proyectos de Salud Mental

- Cursos de Risoterapia, Focusing, Constelación, Teatro.

En constante actualización y aprendizaje

-Sanando Mi Niño Interior

-Focusing el Poder del Cuerpo en Psicoterapia

-Risoterapia

-Existencialismo

-Problemática del Maltrato Infantil

-Avances en el diagnóstico del tratamiento de la Esquizofrenia y Depresión

-Entrenamiento en educación artística e inclusión de Discapacidad

ASOCIACIÓN PERUANA DE ANÁLISIS EXISTENCIAL Y LOGOTERAPIA VIKTOR FRANKL - APAEL
Formación Internacional como TERAPEUTA Con mención en Análisis Existencial y Logoterapia
Abril 2016 - Marzo 2018, Número de horas - 702
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¡Pero! Este especialista, al igual que todos los demás en terappio.com, ha sido cuidadosamente verificado por nuestro equipo y aceptado en la comunidad 😌

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Artículos del psicólogo
2
Las palabras que nos marcan: cuando una frase cambia la forma en que nos miramos
Jessica R.
08.10.2025
Las palabras que nos marcan: cuando una frase cambia la forma en que nos miramos

<p>“No era que no pudiera, era que empecé a creer que no podía”</p><p>Desde que nacemos, las palabras comienzan a tejer el relato que dará forma a nuestra identidad.</p><p>Desde la infancia, cada palabra deja huella.</p><p>&nbsp;</p><p>Cuando un niño escucha “confío en ti”, algo dentro de él se expande. Aprende a mirar el mundo con curiosidad y se siente capaz de enfrentarlo. Pero cuando escucha “siempre haces todo mal”, su mirada se encoge; su corazón empieza a protegerse, y su voz, poco a poco, se apaga.</p><p>&nbsp;</p><p>Las palabras tienen un poder que pocas veces comprendemos.<br>No solo describen lo que somos: <strong>lo definen</strong>.<br>Nos enseñan quién creemos ser, cuánto creemos valer y hasta qué tan posible sentimos que es la felicidad.</p><p><br>Antes incluso de comprender su significado, las sentimos: en la voz que nos calma o en el tono que nos hiere. Las palabras son energía, moldean nuestra mente, nuestro corazón y hasta la manera en que nos miramos a nosotros mismos.</p><p>&nbsp;</p><p>A nivel <strong>psicológico</strong>, las palabras son como semillas, algunas florecen en confianza, en calma, en amor; otras germinan en duda, miedo o culpa. Todo depende del suelo en el que fueron plantadas y del modo en que fueron dichas.</p><p>A veces, sin darnos cuenta, crecemos con lo que los psicólogos llaman <strong>“hilos ancla”</strong>:</p><p>palabras o frases que se clavan en el alma y nos atan a una forma de pensar o sentir.</p><p>Lo que escuchamos de nuestros padres, maestros o figuras significativas; incluso sin mala intención; se va grabando en lo más profundo del inconsciente. A veces son palabras dulces que nos impulsan: “Confío en ti”, “Eres capaz”, “Estoy orgulloso de ti”.<br>Y otras veces, son palabras que se clavan: “Sin mí no podrás”, “Eres un problema”, “Nunca haces nada bien”, “Cállate, no digas tonterías.”</p><p>Allí, en silencio, esas frases se convierten en creencias, como hilos invisibles y tan finos que ni siquiera los notamos y que tiran de nosotros toda la vida…pero que siguen ahí, moviendo nuestros pasos sin que lo sepamos y que seguirán guiando nuestra forma de pensar, amar y decidir; que seguirán atándonos a la necesidad de aprobación, a la inseguridad, a la sensación constante de no ser suficientes y repitiendo el mismo patrón de dependencia emocional una y otra vez.</p><p>Detrás de cada adulto hay un niño que escuchó ciertas frases y decidió quién debía ser para sentirse querido o aceptado. Algunos se convirtieron en fuertes y silenciosos; otros, en complacientes o exigentes consigo mismos. Algunos aprendieron a no pedir ayuda porque “molestar” era mal visto; otros se convencieron de que solo siendo perfectos serían amados.</p><p>Hay frases que no se olvidan. No importa cuánto tiempo haya pasado, siguen ahí, escondidas en algún rincón del cuerpo, listas para resonar cada vez que algo nos recuerda quién fuimos cuando las escuchamos.</p><p>Recuerdo el día en que le comunique a mis padres que sería mamá, a mi corta edad, en plena carrera universitaria, los 90´; mi madre me dijo: “Ya no eres mi orgullo, me has decepcionado”.<br>No fueron gritos, ni castigos, ni discusiones. Solo esas pocas palabras me perforaron. Desde entonces comencé a sentir que no era lo suficientemente inteligente, que fallar en algo era fallar como persona.<br>Y aunque pasaron los años, esas palabras siguieron conmigo, marcando la manera en que me exigía, la forma en que me veía.</p><p>De niña ya lo había sentido. No era muy extrovertida, me costaba relacionarme con los demás. Y cada vez que alguien se colocaba detrás de mí “para ayudarme”, lo que en realidad escuchaba era: <i>“</i>no confían en que yo pueda hacerlo sola<i>.”</i><br>Así, sin quererlo, las palabras y los gestos fueron construyendo una historia sobre quién era yo.</p><p>Con los años, entendí que muchas de las palabras que me dolieron no fueron dichas con maldad.<br>Mi madre no quería lastimarme; solo repitió lo que alguna vez escuchó de alguien más.<br>Y eso pasa con todos nosotros: sin notarlo, terminamos hablando desde las heridas que no hemos sanado, a vivir tratando de demostrar que sí podía, aunque dentro de mí hubiera una voz que repetía lo contrario.</p><p>Los psicólogos dicen que las frases más simples de la infancia pueden volverse <strong>guiones internos</strong>, una especie de voz que se repite dentro de la cabeza y guía nuestra conducta. Eric Berne, fundador del Análisis Transaccional, hablaba de los mensajes parentales que se transforman en mandatos de vida: “Sé perfecto”, “No confíes”, “No te equivoques.”<br>No son maldad; muchas veces nacen del miedo o del amor torpe de quienes tampoco aprendieron a hablar desde la confianza.</p><p>Lo que escuchamos se convierte en lo que creemos, y lo que creemos determina cómo vivimos.</p><p>Y cuando algo nos sale bien, todavía escuchamos aquella voz que dice: “¿segura que puedes?”</p><p>&nbsp;</p><p>Sin embargo, también he descubierto que, así como una palabra puede herir, otra puede <strong>reparar</strong>.</p><p>Una frase nueva, dicha desde el corazón, tiene el poder de romper años de heridas invisibles.<br>Un “te entiendo”, un “me importas”, un “hiciste lo mejor que pudiste” puede abrir un espacio donde antes solo había culpa o vergüenza.<br>Porque las palabras no solo nombran, también <strong>transforman</strong>.</p><p>Cada vez que alguien nos mira con ternura y nos dice “lo estás haciendo bien”, algo dentro de nosotros se reordena.<br>Y cuando somos nosotros quienes elegimos hablar con amor, aunque haya dolor, comenzamos a cambiar la historia que un día otros escribieron por nosotros.</p><p>¿Te has escuchado?<br>A menudo repetimos las mismas frases que alguna vez nos dolieron, pero ahora dirigidas hacia nosotros: “soy un desastre”, “no sirvo”, “nunca lo haré bien”.<br>Sin querer, perpetuamos el mismo lenguaje que una vez nos limitó.</p><p>Nosotros mismos podemos ser esa voz que un día necesitábamos escuchar cuando éramos niños.</p><p>Y si no encontramos las palabras adecuadas, siempre podemos empezar por el silencio amable, por una mirada que diga “estoy aquí, te escucho, te entiendo”.</p><p>Y aunque no podamos cambiar lo que nos dijeron, sí podemos elegir qué palabras usaremos a partir de hoy.</p><p>Podemos convertirnos en la voz que sana, en la palabra que calma, en el mensaje que impulsa.<br>Podemos enseñar a otros —con nuestro ejemplo— que las palabras tienen peso, pero también alas.</p><p>Porque las palabras no solo describen el mundo; <strong>lo crean</strong>.<br>Y cuando cambiamos el modo en que nos hablamos, también cambia lo que creemos posible.</p><p>&nbsp;</p><p>Hoy entiendo que mi madre no quiso herirme, que solo repitió lo que alguna vez le hicieron sentir. Pero comprenderlo no borra el efecto, aunque sí lo transforma. Me permite mirarme con ternura y entender que no era que no pudiera, era que había empezado a creer que no podía.</p><p>Recordar que detrás de cada mirada hay alguien que quizá aún carga con las frases que lo hicieron dudar de sí mismo.</p><p>Por eso, ahora elijo las palabras con más cuidado.<br>Porque sé que cada una puede ser semilla o piedra, refugio o muro.<br>Y porque también sé que todos, en algún momento, necesitamos escuchar una frase que nos devuelva la fe en nosotros mismos.</p><p>No son simples palabras. <strong>Son llaves</strong>.<br>Y a veces, son todo lo que alguien necesita para empezar a creer que puede volar.</p><p>Porque las palabras también curan, abrazan, despiertan y reconstruyen.<br>Una sola palabra dicha con amor puede cambiar el rumbo de un día, o incluso de una vida entera.</p><p>&nbsp;</p><p>Y todo eso empezó con palabras.</p><p><i>Las palabras pueden ser cadenas o alas.</i><br><i>Y cada día tenemos el poder de elegir cuáles dejar volar.</i></p><p><i>Elige que las tuyas ayuden a volar</i></p><p><i>Cuídalas&nbsp;</i></p><p><i>Y cuídate de repetir las que un día te dolieron</i></p>

Vivir con TOC: cuando la mente no se detiene
Jessica R.
22.09.2025
Vivir con TOC: cuando la mente no se detiene

<p><strong>Vivir con TOC: cuando la mente no se detiene</strong></p><p>El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) es mucho más que “ser perfeccionista” o “tener manías”. Quien lo padece sabe que se trata de pensamientos intrusivos que parecen incontrolables y que generan la necesidad de realizar rituales o conductas repetitivas para calmar la ansiedad. No es un simple hábito, ni una costumbre que se pueda dejar con fuerza de voluntad: es un ciclo que atrapa y desgasta profundamente.</p><p>Las obsesiones suelen presentarse como ideas recurrentes e invasivas: miedo excesivo a la suciedad, dudas constantes sobre si se cerró la puerta o se apagó la cocina, pensamientos considerados “prohibidos” que la persona no quiere tener, pero que aparecen de forma insistente.<br>Las compulsiones, por su parte, son las acciones que se realizan una y otra vez en un intento de sentir alivio: lavarse las manos decenas de veces, comprobar repetidamente, ordenar objetos siguiendo reglas rígidas, o repetir frases mentales para “neutralizar” lo que produce angustia.<br>El alivio que generan estas conductas es momentáneo. Apenas pasa el miedo, la duda regresa y obliga a reiniciar el ritual. Es como una rueda que nunca deja de girar.</p><p><strong>¿Por qué sucede?</strong></p><p>El TOC no aparece por “debilidad” ni por “falta de carácter”. Es un trastorno reconocido, en el que influyen factores biológicos, psicológicos y ambientales. Algunas investigaciones muestran que ciertos circuitos cerebrales relacionados con la toma de decisiones y el control de la ansiedad funcionan de manera distinta en quienes lo padecen. Es como si el cerebro quedara atrapado en un estado de alerta permanente, enviando señales de peligro incluso cuando no hay una amenaza real.</p><p>A esto se suman factores como experiencias de vida, rasgos de personalidad y, en algunos casos, antecedentes familiares. Todo esto contribuye a que la mente quede fijada en la búsqueda obsesiva de “certeza total”, algo que, en la vida real, nunca se puede conseguir al 100%.</p><p><strong>¿Se puede mejorar?</strong></p><p>La respuesta es sí. El TOC tiene tratamiento y se puede aprender a vivir con más calma y libertad. Una de las terapias más efectivas es la <strong>terapia cognitivo-conductual</strong>, particularmente la técnica de <strong>exposición con prevención de respuesta</strong>. Esta consiste en enfrentar poco a poco los miedos sin recurrir al ritual, hasta que la ansiedad disminuye por sí sola. Aunque puede ser desafiante, con la guía adecuada genera cambios muy significativos.<br>En algunos casos, el acompañamiento médico y el uso de medicación también forman parte del tratamiento, sobre todo cuando el TOC interfiere de manera intensa en la vida diaria.</p><p>Sin embargo, hay algo fundamental que a veces se pasa por alto: la <strong>autocompasión</strong>. Aprender a observar la mente sin luchar contra cada pensamiento, reconocer que uno no es su obsesión, y permitirse vivir con pequeñas dosis de incertidumbre, son pasos clave para debilitar el ciclo del TOC. Esto no significa resignación, sino recuperar poder frente a lo que parecía invencible.</p><p><strong>Una mirada personal</strong></p><p>Hablar de TOC no es solo teoría. Durante años lo viví en carne propia: pensamientos que no podía frenar, imágenes que me asustaban, rituales que me quitaban tiempo y paz. Recuerdo días en los que, aun sabiendo que mis acciones no tenían sentido, no podía evitar hacerlas para calmar la angustia. Esa contradicción entre “saber que es irracional” y “no poder parar” es una de las partes más difíciles de comprender para quienes están afuera.</p><p>Con el tiempo entendí que, aunque el TOC es persistente, no significa que sea invencible. Descubrí que una buena <strong>auto terapia</strong>, apoyada en el conocimiento, la lectura, la práctica de técnicas de respiración, y sobre todo la aceptación de la incertidumbre, abrió un camino distinto. Aprendí que no necesitaba responder a cada pensamiento, que no todo lo que aparece en la mente es una verdad que deba tomarse en serio, y que incluso podía observar mis obsesiones con un poco de distancia.</p><p>Hoy, aunque el TOC sigue presente en algunos momentos, ya no gobierna mi vida. Puedo disfrutar de lo cotidiano, tomar decisiones sin que la duda eterna me paralice y, sobre todo, comprender que no soy mis pensamientos. Eso es algo que quiero transmitir a quienes atraviesan esta experiencia: que hay esperanza, que el control es posible y que cada paso, aunque parezca pequeño, suma en el camino de la recuperación.</p><p><strong>Para terminar</strong></p><p>El TOC no define a la persona. Es un desafío, sí, pero también una oportunidad para desarrollar paciencia, resiliencia y autoconocimiento. Hablarlo sin tabúes, buscar apoyo y practicar estrategias efectivas son caminos reales para recuperar calidad de vida. Si alguien que está leyendo esto se siente identificado, quiero recordarle algo que a mí me sirvió mucho: <strong>tu valor no depende de tus obsesiones ni de tus compulsiones. Tú eres mucho más que tu TOC.</strong></p><p>&nbsp;</p>

Preguntas y respuestas

¿No sabes cómo elegir a un psicólogo? 🕵️‍♀️

Pueden ayudar los siguientes aspectos:
- Foto y videopresentación. Ayudan a tener una primera impresión.
- Temas con los que trabaja/no trabaja el psicólogo y su formación. Para entender de antemano si tiene experiencia en tus temas.
- Formato de trabajo. Online u offline, ciudad, barrio, calendario: todo para tu comodidad.
- Costo. ¿Te sentirás cómodo financieramente?
- Sensaciones. Escucha tu reacción interna al perfil: simpatía, confianza, curiosidad, tu intuición; eso también es un criterio importante.
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Recomendamos que discuta este asunto con su psicólogo. Los psicólogos tienen su propia política respecto a la cancelación o reprogramación de sesiones. La opción más común es la posibilidad de recibir un reembolso o reprogramar la sesión sin costo adicional, siempre que haya notificado los cambios al menos 24 horas antes de la sesión. Si la sesión ya se realizó o notificó la cancelación con menos de 24 horas de antelación, normalmente no se realiza el reembolso. Esta es una práctica estándar en el sector, que le da al psicólogo suficiente tiempo para ajustar su agenda y, posiblemente, ofrecer ese horario a otro cliente que lo necesite.

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¿Se puede cancelar o reprogramar la sesión?

Sí, en la mayoría de los casos puedes cancelar o reprogramar la sesión. Cada psicólogo tiene su propia política respecto a la cancelación o reprogramación de sesiones. Te recomendamos hablarlo personalmente.