<p>En el imaginario colectivo y en gran parte de la literatura jurídica, la violencia reproductiva suele asociarse casi exclusivamente a la coerción sobre el cuerpo femenino. Sin embargo, la clínica contemporánea nos enfrenta a realidades que desafían estos paradigmas: hombres que, mediante el engaño, la fuerza o la vulneración de su estado de conciencia, son forzados a una paternidad no consentida.</p><p>Este fenómeno, que podríamos categorizar como procreación forzada mediante abuso sexual, representa una de las violaciones más profundas a la autonomía personal y un desafío bioético para la salud mental actual.</p><h3>El Caso Clínico: Del Abuso a la Instrumentalización Jurídica</h3><p>Presentamos el análisis de un caso que ejemplifica la convergencia entre el abuso de sustancias, el asalto sexual y el fraude procesal. El paciente, un hombre adulto sin antecedentes de riesgo, fue víctima de sumisión química durante un evento social. El objetivo de la agresora no era el acto sexual <i>per se</i>, sino la obtención de material genético para subsanar la infertilidad de su pareja estable.</p><p>Desde la neuropsicología, este evento supone un trauma complejo:</p><p>Vulneración del Consentimiento: La administración de sustancias psicotrópicas anula las funciones ejecutivas y la capacidad de autodeterminación, situando el acto en el espectro de la violación.</p><p>Instrumentalización Biológica: El sujeto es reducido a un "donante involuntario", despojado de su identidad y agencia.</p><p>Estrés Postraumático Prolongado: A diferencia de otros asaltos, este no termina con el evento físico, sino que se perpetúa a través de una demanda de pensión alimentaria basada en un engaño (fraude reproductivo).</p><h3>El Impacto en la Salud Mental y el "Gaslighting" Institucional</h3><p>El paciente enfrenta lo que en psicología clínica denominamos victimización secundaria. Al intentar denunciar el origen ilícito de la concepción, el sistema legal suele priorizar el "interés superior del menor", ignorando que el origen de dicha responsabilidad es un acto criminal.</p><p>El impacto neurobiológico es severo. La exposición crónica al cortisol debido al litigio fraudulento y el estigma social de ser un "padre ausente" (pese a ser una víctima de abuso) provoca una desregulación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal (HPA), derivando en cuadros de ansiedad generalizada y depresión mayor.</p><p>Como especialistas en salud mental, debemos integrar conceptos de justicia reproductiva masculina. La paternidad obligada mediante el engaño no solo es un fraude económico; es una extensión de la violencia sexual que utiliza el sistema de justicia como herramienta de coacción.</p><p>Es imperativo que la psicología clínica y la neuropsicología aporten pruebas periciales que visibilicen el daño cognitivo y emocional sufrido por estos hombres, promoviendo reformas que reconozcan que el consentimiento sexual debe ser el cimiento ineludible de cualquier responsabilidad filial.</p><h3>Perspectiva Etica-Filosófica: La Deshumanización del "Ser-Padre"</h3><h3>1. Perspectiva Neoaristotélica: La Corrupción del Telos y la Acción Involuntaria</h3><p>Desde la ética neoaristotélica (siguiendo la línea de autores como Alasdair MacIntyre o Martha Nussbaum), la realización del ser humano depende de la agencia deliberada y el ejercicio de las virtudes en comunidad.</p><p>La Eudaimonía Saboteada: Para Aristóteles, la paternidad es una extensión de la <i>philia</i> (amistad/amor) y una responsabilidad que surge de un acto libre. En este caso, el <i>telos</i> (propósito) de la procreación ha sido pervertido. No es el resultado de una elección orientada al bien común o personal, sino el producto de una acción involuntaria causada por la fuerza y el engaño (<i>bia</i>).</p><p>Justicia Distributiva vs. Fraude: La justicia aristotélica exige que cada uno reciba lo que le corresponde según su mérito y sus actos. Obligar a un hombre a ejercer la paternidad —un rol que exige la entrega de la propia vida y recursos— basándose en un acto criminal, es una violación a la justicia rectificadora. Se le impone una carga ética (la crianza) sobre una base de injusticia radical, lo cual es lógicamente contradictorio para la virtud ciudadana.</p><h3>2. Perspectiva Fenomenológica: La Invasión del Lebenswelt (Mundo de la Vida)</h3><p>Desde la fenomenología (Husserl, Merleau-Ponty), el análisis se centra en la experiencia subjetiva del cuerpo y la temporalidad del paciente.</p><p>El Cuerpo-Objeto vs. Cuerpo-Sujeto: En el momento del abuso bajo sumisión química, el cuerpo del hombre dejó de ser un <i>Leib</i> (cuerpo vivido, centro de voluntad) para ser tratado como un <i>Körper</i> (cuerpo físico, mera materia biológica). La mujer y su esposo redujeron al paciente a una "herramienta biológica" (instrumentalización).</p><p>La Paternidad como "Intencionalidad Forzada": La conciencia siempre es "conciencia de algo". En la paternidad sana, existe una intencionalidad que liga al padre con el hijo. Aquí, la intencionalidad ha sido implantada externamente. El paciente se ve obligado a proyectarse hacia un futuro (la crianza y manutención) que no nació de su propia subjetividad.</p><p>La Fractura de la Historicidad: El fraude procesal perpetúa la agresión en el tiempo. Fenomenológicamente, el paciente no puede "cerrar" el trauma porque su historicidad está ligada permanentemente a su agresora a través de la demanda legal. El Estado, al validar el fraude, se convierte en un agente que institucionaliza la alienación del sujeto respecto a su propio material genético.</p><p>Desde ambas posturas, el veredicto es claro: la paternidad obligada por fraude reproductivo constituye una expropiación del ser.</p><p>Mientras que la fenomenología denuncia la violación de la soberanía del "yo" y la reducción del hombre a un objeto de consumo biológico, el neoaristotelismo señala la imposibilidad de construir una vida virtuosa y justa cuando las responsabilidades más profundas de la existencia son impuestas mediante el vicio y la coacción. Para el clínico, esto significa que el tratamiento no debe solo buscar la reducción de síntomas de estrés postraumático, sino la reivindicación de la dignidad del paciente como sujeto de derechos y de voluntad propia.</p><p><i><strong>El presente artículo se realiza con consentimiento informado y todas las consideraciones éticas necesarias para su divulgación, cuidando siempre de la identidad velada del paciente.</strong></i></p><p><strong>Mtro. Juan Emmanuel Torres López</strong></p><p>Bachiller en Filosofía</p><p>Licenciado en Psicología Ced Prof 8683189</p><p>Mtro. en Psicología Clínica y de la Salud Ced Prof 13795075</p><p>Mtro. en Neuropsicología Ced Prof 15134967</p><p>Certificación en Psicoterapia Cognitiva-Conductual y Terapeuta Contextual</p><p>Candidato a Doctor en Salud Mental</p><p><br> </p><p><strong>Referencias:</strong></p><p>American Psychological Association. (2017). <i>Ethical principles of psychologists and code of conduct</i>.</p><p>Barclay, J. S. (2020). Reproductive Fraud and the Right to Genetic Autonomy. <i>Journal of Applied Philosophy, 37</i>(4), 562-579.</p><p>Burgess, A. W., & Hazelwood, R. R. (2016). <i>Practical Aspects of Rape Investigation: A Multidisciplinary Approach</i> (5th ed.). CRC Press.</p><p>Dovydaitis, T. (2010). Male sexual assault. <i>The Journal of Midwifery & Women’s Health, 55</i>(4), 362-369. Herman, J. L. (2015). <i>Trauma and Recovery: The Aftermath of Violence--From Domestic Abuse to Political Terror</i>. Basic Books.</p><p>World Health Organization. (2021). <i>Sexual violence against men and boys: A hidden reality</i>.</p>