Ser soltero es ¿un tema social o psicológico? Para algunas persona personas ser soltero (a) genera ansiedad.
Ser soltero
En los últimos años en los que he estado sin pareja, he conocido varias personas solteras y este número sigue en aumento, o al menos, eso me parece. Lo que me lleva a pensar: ¿será resultado de algún proceso social o sólo es consecuencia de una elección netamente personal? La soltería se ha estudiado primordialmente, como un fenómeno social resultado de variables personales y sociales.
No me aparto de la idea que esto sólo sea una percepción personal. Quizá, me está pasando ese extraño fenómeno de ver por todas partes, todo el tiempo, lo que estoy pensando. Tal vez es por eso, que encuentro por todas partes, personas solteras, porque ahora, soy una persona soltera.
La soltería para la mayoría de las personas parece ser sólo un tema para una charla de café, un asunto ordinario y poco relevante. Hay tal indiferencia social a este fenómeno que suele pasar desapercibido, a pesar de que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en su comunicado de prensa 42/25 (2025) comparte los resultados de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023, donde el 68.7 % los mexicanos entre 15 a 29 años y el 14.5 % entre los 30 a 59 años eran solteros.
Carlos Welti Chanes (2021), titular del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) enfatizó que estos datos son una tendencia a la alza y que va en aumento la cantidad de mujeres que prefieren la soltería como forma de vida. Señalando que existen distintos factores para ello, como la incertidumbre económica.
Partiendo del conocimiento que la soltería es una condición social cada vez más frecuente, parece evidente la necesidad de analizarla desde la óptica de las distintas disciplinas que estudian al ser humano, su hacer y desarrollo.
Es importante aclarar que existen pocas investigaciones al respecto, sin embargo la mayoría de los estudios arrojan los siguientes datos:
Ausencia de un término específico.
Hablar de personas solteras se vuelve un poco confuso, se suele usar el término soltero (a) para referirse a una persona que no tiene pareja ante la ley. Pero dentro del mismo concepto se puede incluir a personas no casadas, aunque tengan pareja o incluso vivan juntos. Y por otro lado se suele excluir a personas divorciadas y/o viudas que no tienen pareja.
Al no existir un término (Bergström et al., 2019) común, científico, social ni psicológico para esta condición, me hace pensar en que ha sido un fenómeno poco observado. Pareciera dar por sentado que la soltería no es frecuente y que no implica la posibilidad de ser consecuencia de algo más, que sólo una decisión personal.
Para este trabajo considero importante delimitar el término, definiendo como soltería a la condición social, emocional y relacional de una persona que no tiene pareja, es decir una relación amorosa con otra persona.
La pareja como norma social primordial.
La pareja moderna fue un concepto creado al finalizar la primera guerra mundial como una forma de consolidar la procreación, basada en el supuesto del amor mutuo, con la intención de frenar la emancipación femenina (Elizabeth Roudinesco 2002 citada por Moguillansky, R., & Nussbaum, S. 2017). Denis de Rougemont (1958, 1961. Citado por Moguillansky, R., & Nussbaum, S. 2017 p. 3) la definió como el “invento de Occidente.”
Durante los últimos 50 años, la modernidad y la postmodernidad han llevado a las familias a sufrir grandes transformaciones y adaptaciones. Las familias han cambiado, pero la pareja sigue sin ningún tipo de alteración o cambio.
Mientras los modelos de familia se hacen más flexibles e inclusivos, el contrato de a dos resiste y el ideal de amor romántico se vuelve más exigente… ¿por qué, si en los últimos años, las familias han cambiado tanto, las parejas parecen haber permanecido relativamente intactas? (Tenenbaum 2017, citada en Moguillansky, R., & Nussbaum, S. 2017 p.4).
Aún en el siglo XXI, el matrimonio o la vida en pareja sigue considerándose la única manera de formar una familia, definida por Aristóteles como “ la comunidad establecida por la naturaleza para la convivencia de todos los días” citado por Medina, 2024 (p.3). Esta idea fue fortalecida e impuesta en muchas partes del mundo, durante la década de los ochentas, como consecuencia de las políticas sociales y de salud de la administración de R. Reagan en los Estados Unidos (Moguillansky, R., & Nussbaum, S. 2017).
Perspectiva según el género, la edad y el grupo social.
Para Bergström et al., (2019) el valor de la soltería varía según el género, la edad y el grupo social al que se pertenece.
Las mujeres forman parejas a menor edad que los varones. Por lo tanto, hay más mujeres jóvenes casadas, pero al vivir una ruptura permanecen mayor tiempo solteras que los hombres. En contraste los varones se recuperan con más rapidez de las rupturas o separaciones amorosas, por ello pasan menos tiempo solteros. Hay más mujeres viudas, que hombres viudos porque hay más fallecimientos en hombres que en mujeres.
Se creía que la soltería era una exigencia personal, una elección en los hombres de un alto nivel económico. Las películas nos venden la idea del “don Juan” exitoso e incorregible, imposible de cazar y casar. Se nos da explícitamente la idea de que: “la felicidad está al alcance de los solteros económicamente independientes” (Atlantico, citado en Bergström et al., 2019 p. 113). Esto resultó estar alejado de la realidad, los hombres de un nivel socioeconómico alto, refirieron ser excluidos en mayor escala, que aquellos de clases media y baja. Quienes señalaron a la soltería, como una elección y no como una opción.
En el mismo sentido, se encontró que las personas con mayor formación académica son más propensas a no tener pareja, en contraste a quienes tienen un nivel de preparación menor. Principalmente en las mujeres, que anteriormente dejaban los estudios, por el matrimonio (Daguet and Niel, 2010; Bouchet-Valat, 2015 citados en Bergström et al., 2019).
Por otro lado, las mujeres de clase trabajadora (el doble en comparación a las de clase alta) señalan ser solteras por elección. Principalmente las mujeres madres solteras quienes se adaptan con más facilidad a la soltería a pesar de ser costosa para ellas, pero lo es más, la vida en pareja, porque no supone ninguna diferencia en su vida cotidiana (Bonnet et al., 2016, citado en Bergström et al., 2019). Distinto es para las mujeres de clase alta, quienes consideran que la soltería hace más difícil su vida. Estas diferencias aumentan aún más, si son madres solteras con ciertos privilegios sociales y económicos.
Para Montoya, C. V. (2008) las mujeres solteras de mediana edad, dedican su tiempo a atender a sus familias y permanecen así, en espera de encontrar al hombre ideal. Para ellas, la única razón para abandonar el celibato sería la llegada de un hombre que sea capaz de cubrir todas sus expectativas o los requisitos impuestos por ellas y/o sus familias. De no ser así, consideran su soltería como un designio de dios, para dedicar sus vidas al cuidado de los enfermos en la familia o actividades en la comunidad religiosa.
En contraste, las razones de los hombres para permanecer solteros son: el miedo a perder la libertad, el rechazo a ser el proveedor de la familia (consideran que lo económico es el origen del conflicto en la pareja) y la dificultad para reponerse de las desilusiones amorosas (Gomez, A. A. y Salguero V. A. 2014).
En la investigación de Bergström et al. (2019), resalta los 30 años (entre 30 y 34 años) como la edad con mayor negatividad respecto a la soltería. Sólo el 22% la elige. El resto intenta por todos los medios conocer a alguien. El 44% de los solteros en este rango de edad, intenta citas por internet en comparación al 27% de la media de los encuestados sin pareja. La investigación mostró que el rechazo o aceptación por la soltería es proporcional a la cantidad de solteros que hay en el mismo grupo social. Durante los treintas, los amigos se emparejan, provocando cambios en la vida social. Es posible que esto sea una causa del porqué son el segmento de edad con la mayor presión social para tener una pareja; aunado a la presión biológica por la paternidad, principalmente en las mujeres.
Discriminación, libertad y soledad.
Existe una cierta denostación de las personas solteras. Suelen ser tratados como personas incompletas o defectuosas. Se considera que le han fallado a la sociedad y a sus familias (Walters et al., 1999 citados por Villarreal 2008).
Todos los solteros entrevistados en diferentes lugares (Francia, Costa Rica, México) coinciden en ser objeto de burlas y señalamientos desagradables. La mayoría de los comentarios, recaen en expresarles que esta forma de vida no es la adecuada. Ser soltero pareciera un estilo de vida egoísta basado en la búsqueda de la autocomplacencia y la comodidad sin ningún sentido de lo que significa ser responsable.
Gilder (1974, citado en Gomez A. A. y Salguero V. A. 2014 p. 2) describe a los hombres solteros como “socialmente inadaptados, inestables, propensos a las adicciones, a las enfermedades, sin raíces y poco orientados al futuro.” Los hombres solteros han perdido la oportunidad de ser jefes de familia, elevar su rango social, de ser reconocidos como proveedores y procreadores ignorando el orden natural de la masculinidad hegemónica (Gomez, A. A. y Salguero V. A. 2014).
Los solteros son excluidos de algunas actividades sociales principalmente de aquellas consideradas sólo para familias o parejas. De presentarse solos, complican la interacción social. Se les excluye porque no forman parte de esa comunidad.
Para hacer frente a esto, muchos solteros desarrollan habilidades y/o actividades sociales distintas. También alcanzan un crecimiento personal, principalmente se vuelven autosuficientes y organizados. La mayoría de ellos, dan un gran valor a su libertad, al respeto de su tiempo, sus actividades y sus elecciones. No necesitan negociar ni dividir su tiempo, ni su ingreso, ni su día a día con nadie. Sin embargo, muchos de ellos comentan que es innegable la soledad que implica ser soltero. Hay actividades y momentos en que la persona que no tiene pareja, puede notar una cierta necesidad de ella. La mayoría de solteros descubre que para poder vivir en plenitud, sólo necesita hacer un cambio en sus actividades sociales.
Conclusiones.
Ser soltero sigue siendo una situación fuera del estándar social que lleva a la discriminación y segregación. Sin embargo, parece que es una tendencia en aumento, principalmente por causas económicas y por la idealización del amor romántico.
Personalmente, creo que es propio de la naturaleza humana la necesidad de buscar un compañero (a) de vida, para que sea un apoyo en diferentes áreas de nuestra existencia, sin embargo la vida en el siglo XXI nos está llevando a replantear antiguas costumbres y/o prácticas sociales como el matrimonio.
Para nadie es desconocido, que se ha hecho una modificación en los roles de género que ocupamos actualmente (las nuevas masculinidades y feminidades). Estas nuevas maneras de ser y de vivir tienen consecuencias en muchos ámbitos, entre ellos, el relacional. Por eso no es de sorprender que las próximas generaciones opten por nuevos estilos de vida, incluyendo la soltería.
Pareciera que la mayor desventaja de ser soltero, es la soledad. Sin embargo, cada día hay más personas que viven solas. La soledad se consideró en la edad media como una enfermedad mental, pero en nuestro tiempo, pareciera una opción para la serenidad y la tranquilidad. Esta nueva soledad no implica estar aislado ni apático de la vida social y la recreación. En soltería se puede llegar a tener una vida social más activa que a veces en pareja o en familia. La soltería y nuestro actual entorno, favorece el desarrollo de otras formas de interacción para quienes no tenemos pareja, intercambiando las ventajas de una pareja, por las ventajas de ser soltero (a).
Por último me parece difícil determinar cuáles son las causas o razones por las que una persona permanece soltera, si bien pueden existir elementos, factores o situaciones similares, también pareciera que hay tantas razones y circunstancias como personas solteras. Las escasas investigaciones y las poblaciones tan reducidas en las que se han realizado las investigaciones consultadas, no permiten llegar a ningún tipo de respuesta concluyente. Me atrevo a dejar abierta esta disertación, ya que la soltería si bien está fuertemente marcada por factores sociales, también lo está por situaciones personales.