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Angélica León

Angélica L.

  • Psicólogo
  • Psicólogo clínico

Experiencia: 

10 años

Idioma: 

ES

Certificados: 

2

Solicitó: 

Administración

Distrito: 

Coyoacán

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Emigración y adaptación
¿En qué puedo ayudar?

Soy Angélica León Ramírez, psicóloga con 9 años de experiencia atendiendo a pacientes. Acompaño a personas que atraviesan experiencias de abuso de poder, duelos y depresión, brindando herramientas para la elaboración del duelo y el manejo de ansiedad. Trabajo desde una perspectiva analítica, ofreciendo un espacio seguro para comprender, procesar y transformar el malestar emocional.

Acepto aquí

Dirección Aguayo

Distrito Coyoacán, Del Carmen

Enfoques y métodos en los que trabajo:

Mi enfoque se centra en el psicoanálisis, lo que permite lograr efectos terapéuticos rápidos y profundos en mis pacientes. Estoy en un constante proceso de autoestudio y actualización en esta área, lo que me permite ofrecer un acompañamiento efectivo y adaptado a las necesidades individuales de cada persona. Mi compromiso es proporcionar un espacio seguro para explorar y comprender los procesos internos, facilitando así un camino hacia el bienestar emocional.

Un espacio seguro para explorar tus emociones, elaborar experiencias y crecer desde la comprensión.

Terapia conmigo: acompañamiento respetuoso para entender, procesar y transformar tu malestar.

Espacio de escucha y reflexión donde juntas exploramos emociones y buscamos bienestar emocional.

La psicoterapia, especialmente el psicoanálisis, me ha cambiado al invitarme a escucharme de verdad. No solo a entender mis emociones, sino a darme cuenta de desde dónde reacciono, qué repito, qué busco y qué evito.

A través del análisis he aprendido que no se trata de eliminar el malestar, sino de darle un sentido, reconocer su origen y poder elegir algo diferente.

He aprendido a hablarme con menos juicio y más curiosidad, a poner palabras donde antes solo había ruido.

El psicoanálisis me ha cambiado porque me enseñó que el cambio no llega de la noche a la mañana: se construye en cada palabra, en cada silencio y en cada encuentro conmigo misma.

“A veces, una palabra dicha con bondad tiene más poder sanador que cualquier medicina. En el psicoanálisis, las palabras también curan.

Me apasiona seguir aprendiendo y mantenerme en constante actualización profesional. Disfruto recitar poesía y la lectura, actividades que nutren mi creatividad y sensibilidad. Además, me interesa participar en espacios académicos, compartir conocimientos y experiencias; por ello, imparto clases de psicología, combinando la teoría con la práctica clínica y el desarrollo personal.

LICENCIATURA EN PSICOLOGIA

MAESTRIA EN EDUCACION , ESPECIALIDAD EN PSICOANALISIS

Cuento con amplia experiencia en instituciones educativas, donde he tenido la oportunidad de participar en la elaboración y realización de conferencias y talleres. Esta trayectoria me ha permitido desarrollar habilidades clave para brindar un apoyo integral en el ámbito educativo. Estoy comprometida en compartir conocimientos y herramientas que fomenten el desarrollo personal y emocional de los estudiantes. Seminarios en psiconaalisis para mi formación.

Cuento con 9 años de experiencia en terapia con orientación analítica, seminarios, diplomados y propio análisis; brindo cursos y talleres para padres, jóvenes y niños, y me mantengo en constante capacitación.

Universidad Motolinía, A. C.
Sensibilización e Identificación del TDAH, Dislexia, Disgrafía y Discalculia en el Aula
23 de agosto al 13 de septiembre de 2025, Número de horas - 20
Unidad Académica Coyoacán
Taller de habilidades sociales
Jueves 2 de junio
Reseñas y recomendaciones
1/0
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Cynthia

Recomienda

16.10.2025

Acudí por temas personales con psic. Angelica león. Note cambios considerables en base a una introspección a conocerme y saber como perjudica en mi vida diaria y a mi alrededor. Me encanto su acompañamiento ya que es atenta y muy asertiva. Evaluó su acompañamiento en un 10/10 muy recomendable.

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Artículos del psicólogo
3
Soñar lo que perdimos: una mirada freudiana al inconsciente
Angélica L.
27.10.2025
Soñar lo que perdimos: una mirada freudiana al inconsciente

<p>Los sueños han fascinado a la humanidad desde siempre. A lo largo de la historia, han sido fuente de inspiración para el arte, la literatura y la filosofía. Intelectuales como <strong>Sigmund Freud</strong>, psicoanalista y autor de <i>La interpretación de los sueños</i> (1900), revolucionaron nuestra comprensión de estos fenómenos al proponer que los sueños son <strong>la realización simbólica de deseos reprimidos</strong>.</p><p>En ellos no solo se reviven experiencias pasadas, sino también <strong>manifestaciones de duelo y deseos inconscientes</strong>. Freud sostiene que “<strong>el sueño es la realización disfrazada de un deseo reprimido</strong>”, una expresión de aquello que necesitamos o anhelamos, aunque no siempre podamos reconocerlo de manera consciente. Así, los sueños hablan de nosotros, pero lo hacen a través de un lenguaje simbólico, velado y enigmático.</p><p>Los <strong>contenidos oníricos</strong> no son casuales ni carecen de sentido; al contrario, reflejan deseos, miedos y conflictos internos que, por diversas razones, no se han expresado durante la vigilia. En ese sentido, el sueño <strong>funciona como una válvula de escape</strong>, brindándonos información valiosa sobre nuestro mundo interior. Por ello, es importante <strong>subjetivar el sueño</strong>, interpretarlo desde la experiencia personal y no perderlo en significados universales, ya que cada símbolo está ligado a la historia emocional del soñante.</p><p>Cuando no comprendemos por qué soñamos lo que soñamos, Freud explica que esto se debe al mecanismo de la <strong>represión</strong>, un proceso de defensa del yo que impide que pensamientos o deseos inaceptables accedan a la conciencia. Los sueños, entonces, se convierten en una vía de escape: una forma en la que emerge, en el inconsciente, aquello que busca resolverse. En el contexto del <strong>duelo</strong>, por ejemplo, las apariciones en el sueño de personas o situaciones que hemos perdido —una pareja, un familiar, una etapa de la vida— representan <strong>aspectos no resueltos</strong> o pendientes de elaboración psíquica. De este modo, el sueño puede participar en la <strong>reparación del yo</strong>, brindando una resignificación simbólica a lo perdido.</p><p>Cuando hablamos de “<strong>lo perdido</strong>”, nos referimos tanto a experiencias o relaciones como a aspectos de nosotros mismos que ya no están presentes. En cada pérdida también se desvanece una parte de nuestra identidad vinculada a esa vivencia. Estos sentimientos pueden generar angustia o tristeza; sin embargo, el espacio del sueño ofrece la posibilidad de <strong>reelaborar lo perdido</strong> y recuperar, simbólicamente, algo de esa experiencia emocional.</p><p>Durante el <strong>trabajo del sueño</strong>, los contenidos latentes (pensamientos y deseos reprimidos) se transforman en contenidos manifiestos (imágenes y narrativas oníricas). Este proceso permite enfrentarse, de manera simbólica, a lo perdido, otorgándole un nuevo significado e integrándolo en la psique. En términos freudianos, el sueño cumple así una <strong>función elaborativa</strong>, facilitando la continuidad del proceso psíquico allí donde la conciencia no pudo hacerlo.</p><h3><strong>El simbolismo en los sueños</strong></h3><p>Freud identificó que los sueños emplean distintos mecanismos para disfrazar los deseos reprimidos, entre ellos:</p><p><strong>Condensación</strong>: combinación de múltiples ideas o elementos en una sola imagen o símbolo.</p><p><strong>Desplazamiento</strong>: transferencia de una emoción o deseo de un objeto original a otro sustituto.</p><p><strong>Representación</strong>: conversión de pensamientos abstractos en imágenes concretas.</p><p><strong>Simbolización</strong>: sustitución de una idea o deseo por un símbolo que lo representa.</p><p>Estos mecanismos permiten que los deseos reprimidos se expresen de manera indirecta, facilitando su aceptación por parte del yo y evitando la angustia que generaría su confrontación directa.</p><h3>Subjtivar los sueños:&nbsp;</h3><p>La <strong>interpretación de los sueños</strong> es una herramienta fundamental en el psicoanálisis. Mediante la <strong>asociación libre</strong> y el análisis de los símbolos presentes en el sueño, es posible acceder a los contenidos latentes del inconsciente. Freud consideraba que “<strong>nuestros sueños entrañan algo verdadero. En ellos reconocemos nuestro propio yo, a pesar del disfraz de elevación o rebajamiento con el que se nos aparece</strong>”. Esta afirmación subraya la autenticidad de los deseos y conflictos que emergen en los sueños, incluso cuando se presentan de forma simbólica.</p><p>En el trabajo analítico, comentar, escribir o reflexionar sobre los sueños permite <strong>reconocer el sentido subjetivo</strong> de lo onírico y darle un lugar dentro del proceso psíquico. El sueño, por tanto, se convierte en una vía de <strong>autoconocimiento y reparación</strong>, un espacio donde el inconsciente puede expresarse y buscar equilibrio.</p><p>Los sueños no son meras fantasías sin sentido: son <strong>manifestaciones del inconsciente</strong> que revelan nuestros deseos, miedos y conflictos más profundos. Al soñar con aquello que sentimos haber perdido, tenemos la oportunidad de <strong>procesar, resignificar e integrar</strong> esas pérdidas en nuestra historia personal. La obra de Freud nos brinda las herramientas para comprender el lenguaje simbólico de los sueños y explorar, a través de ellos, &nbsp;el misterioso territorio del inconsciente humano. Cabe &nbsp;mencionar que los sueños, nos permiten ligar partes de lo que en realidad no se pudo realizar o por ende, el trabajo que queda es soñar, la alianza inconsciente con la consciente, por ende, brindarle la importancia a nuestros sueños, nos permite hallar cómo nos compartamos, qué ocurre en nuestra vida psiquica, reconociendonos, y permitiendonos el acceso a lo desconocido.</p>

Entre la creación y la destrucción: reflexiones sobre el amor
Angélica L.
20.10.2025
Entre la creación y la destrucción: reflexiones sobre el amor

<h3><strong>Amar y preservarse: la trinchera de la alegría</strong></h3><p>Este trabajo toma inspiración en el poema de <strong>Mario Benedetti</strong>, pues invita a reflexionar sobre el amor como una <strong>dualidad que habita en la psique humana</strong>. Me baso en la teoría de la brillante analista <strong>Sabina Spielrein</strong>, quien, motivada por su descubrimiento del devenir destructivo en la pasión y en el amor, afirma que la <strong>libido</strong> posee dos aspectos: uno que embellece y otro que, al mismo tiempo, destruye. Esta misma idea se encuentra en <strong>Freud</strong>, cuando describe la <strong>pulsión de muerte</strong>, entendida como un impulso hacia la destrucción, en contraste con la <strong>pulsión de vida</strong>. Ambos impulsos conviven y se enfrentan constantemente en la mente humana y, por supuesto, también en las relaciones amorosas. La tensión entre creación y destrucción es, así, un fenómeno inherente al ser humano.</p><p>Spielrein señala: <i>“Una mujer que se abandona a la pasión, al menos en la actual situación cultural, experimenta demasiado pronto el aspecto destructivo.”</i> Esto nos permite observar cómo, en ocasiones, una persona puede dejar de lado otros aspectos de su vida para entregarse completamente a una relación —sea esta mortífera o no—, no como un juicio moral, sino como un devenir propio de la psique. Existen conductas que expresan ese componente destructivo, como los celos, las adicciones o la agresividad, que mantienen al sujeto en un conflicto constante, especialmente en el amor de pareja.</p><p>En una sociedad donde prevalece el estigma, la mujer que se abandona a la pasión también enfrenta juicios externos. Su deseo puede ser reprimido y condenado; si no se entrega, se la cataloga como frívola; si lo hace, se enfrenta al riesgo de perderse en la relación. En este enfoque, interesa atender a la mujer que se entrega plenamente, vertiendo todo su ser en el otro, experimentando cómo su identidad puede verse amenazada o destruida. Este fenómeno no es un error ni un fallo moral, sino un reflejo del <strong>mecanismo psíquico de la libido</strong>, en el que confluyen fuerzas creadoras y destructivas.</p><p>El poema de Benedetti ofrece una respuesta poética a esta tensión: la necesidad de <strong>preservar la vitalidad y la capacidad de amar</strong>, incluso frente al impulso destructivo de la pasión. En este sentido, <i>defender la alegría</i> se convierte en una <strong>trinchera de la libido creadora</strong>. La alegría no es ingenua; es un acto consciente de autopreservación, un espacio desde el cual se puede seguir amando sin perder la propia identidad. Como señala Freud, la pulsión de vida busca continuidad, y la pulsión de muerte amenaza con devorarla. Benedetti nos recuerda que, aunque el amor pueda desbordarnos o poner en riesgo nuestro yo, existe la posibilidad de sostener la vida y la vitalidad mediante la conciencia y la alegría.</p><p>La vida de <strong>Sabina Spielrein</strong> ilustra de manera vívida esta dualidad. Sus experiencias personales y profesionales muestran cómo el amor y la pasión pueden ser transformadores, pero también devastadores. La tensión entre el deseo de unión y la necesidad de conservar la propia identidad es constante. Defender la alegría, entonces, es <strong>resistir la destrucción y mantener encendida la chispa creadora</strong> que permite renacer después del dolor. Es preservar la autonomía, la creatividad y la capacidad de amar sin perderse en el otro, entendiendo que la vida está en permanente cambio y que cada experiencia, incluso la dolorosa, es parte del devenir humano.</p><p>En conclusión, el amor y la pasión son fuerzas ambivalentes que habitan en todos nosotros. La teoría de Spielrein y Freud nos ayuda a comprender los riesgos y desafíos de entregarse completamente a otro, mientras que la poesía de Benedetti nos ofrece una guía para resistir la destrucción: <strong>defender la alegría como trinchera</strong>, sosteniendo la vida, la creatividad y la capacidad de amar sin anular nuestro propio ser. Aprender a equilibrar la libido creadora con los impulsos destructivos es, en última instancia, aprender a vivir plenamente, con conciencia y resiliencia.</p>

El duelo según Freud: entre la pérdida y la reconstrucción del yo.
Angélica L.
27.10.2025
El duelo según Freud: entre la pérdida y la reconstrucción del yo.

<p>El duelo es una de las experiencias humanas más universales y, al mismo tiempo, subjetiva, porque cada persona lo vive de manera distinta, pero en todos los casos implica la presencia de una pérdida significativa o transitable de manera rápida. Sigmund Freud, en su ensayo clásico <i>“Duelo y melancolía”</i> (1917), abordó este fenómeno desde una mirada psicoanalítica, buscando comprender qué ocurre &nbsp;cuando perdemos a alguien o algo amado.</p><p>Para Freud, el duelo no es una enfermedad ni un estado patológico; es un <strong>proceso psíquico natural</strong> que tiene como finalidad permitirnos <strong>desprender la energía emocional (la libido)</strong> que habíamos depositado en el objeto perdido, para luego poder invertirla en nuevos vínculos, actividades o ideales. Dicho de otro modo, el duelo es un <strong>trabajo del alma</strong> que busca reconciliar al sujeto con una realidad que ha cambiado para siempre.</p><h3>La naturaleza del duelo</h3><p>Cuando no separamos de la &nbsp;persona que amamos, también &nbsp;perdemos algo que representaba parte de nuestra identidad —una relación, o un empleo, una etapa de vida—, el mundo exterior nos impone la evidencia de esa ausencia. Sin embargo, <strong>el aparato psíquico no acepta de inmediato la pérdida</strong>. En un primer momento, la persona puede negarla, revivir recuerdos o incluso hablar del ausente como si todavía estuviera presente.</p><p>Freud describe este proceso como una lucha entre dos fuerzas: por un lado, el <strong>principio de realidad</strong>, que exige reconocer la pérdida; y por otro, el <strong>principio del placer</strong>, que intenta mantener vivo el vínculo con el objeto amado. Este conflicto genera un profundo desgaste emocional, manifestado en tristeza, apatía, insomnio, falta de interés por el mundo y un repliegue hacia la vida interior.</p><p>A pesar de ese sufrimiento, Freud afirma que el duelo es <strong>necesario y saludable</strong>, siempre que el sujeto logre elaborar gradualmente la pérdida. El “trabajo del duelo” consiste en retirar, poco a poco, la energía afectiva del objeto perdido, aceptando su ausencia, sin negar el amor que se sintió. Al finalizar este proceso, el yo queda libre para amar nuevamente y para reinvertir su energía vital en otros vínculos o proyectos.</p><h3>Duelo y melancolía</h3><p>Freud comparó el duelo con la melancolía (lo que hoy llamaríamos depresión patológica), encontrando semejanzas y diferencias importantes. En ambos casos, el sujeto ha perdido algo valioso; sin embargo, <strong>en la melancolía la pérdida no se asume conscientemente</strong>, o bien el objeto perdido se ha vuelto ambivalente, cargado de amor y de odio.</p><p>Mientras en el duelo el sujeto sabe lo que ha perdido (“perdí a mi ser querido”), en la melancolía <strong>no puede identificar con claridad la pérdida</strong>, y en lugar de dirigir la tristeza hacia el objeto ausente, la dirige hacia sí mismo. Por eso, el melancólico se siente culpable, vacío o indigno; su autoestima se ve afectada porque inconscientemente <strong>ha introyectado el objeto perdido</strong>, convirtiendo su dolor en autorreproche.</p><p>Freud lo expresa de manera contundente: “En el duelo, el mundo se ha vuelto pobre y vacío; en la melancolía, es el yo el que se ha vuelto pobre y vacío.” Esta distinción sigue siendo uno de los aportes más lúcidos del psicoanálisis a la comprensión del sufrimiento humano.</p><h3>El trabajo del duelo como proceso de transformación</h3><p>Superar el duelo no significa olvidar. Freud nunca habló de “cerrar” el duelo, sino de <strong>elaborarlo</strong>, lo cual implica reconocer que la pérdida es real, que duele, pero que también puede ser integrada en la historia personal. El dolor no desaparece del todo, sino que <strong>se transforma</strong> en una nueva forma de significar la ausencia.</p><p>A medida que el sujeto atraviesa las fases del duelo —negación, tristeza, aceptación—, el vínculo con el objeto perdido cambia. Ya no se trata de conservarlo en la realidad, sino de alojarlo simbólicamente dentro de uno mismo, en el recuerdo, en la palabra o en la experiencia emocional.</p><p>Desde esta perspectiva, el duelo es un proceso de <strong>reorganización psíquica</strong>. La persona debe aprender a vivir sin aquello que perdió, pero también a reconocerse de nuevo. Es un acto de reconstrucción del yo. Por eso Freud afirma que el duelo requiere tiempo, paciencia y trabajo interno.</p><h3>El valor terapéutico de las palabras</h3><p>Freud sostenía que las palabras tienen poder sanador. En el psicoanálisis, hablar del dolor permite <strong>poner en palabras lo que el cuerpo y el inconsciente callan</strong>. Cuando un paciente puede narrar su pérdida, revivirla simbólicamente y reconocer su impacto, comienza a liberar la energía que estaba fijada en el objeto ausente.</p><p>En ese sentido, las palabras de bondad, la escucha empática y el acompañamiento profesional no “curan” el duelo, pero <strong>permiten que el sujeto no quede solo frente a su dolor</strong>. El terapeuta no elimina la tristeza, sino que ayuda a darle sentido. Freud decía que el objetivo del análisis no es hacer desaparecer el sufrimiento humano, sino <strong>convertir el sufrimiento neurótico en un dolor común y humano, más llevadero y con sentido</strong>.</p><h3>Duelo, amor y continuidad</h3><p>El duelo, entonces, no es un enemigo de la vida, sino una <strong>manifestación del amor</strong>. Solo duele lo que fue importante. Cada lágrima que se derrama por alguien perdido es, en realidad, una forma de amor que busca transformarse. Freud comprendió que la capacidad de elaborar el duelo es también la capacidad de amar y de seguir amando a pesar de la pérdida.</p><p>Cuando el proceso se completa, la persona no es la misma: algo se pierde, pero algo nuevo se construye. La vida se reorganiza, se redefine el sentido y se recupera la energía vital para volver a vincularse. En palabras simples, el duelo no solo marca un final, sino que <strong>abre la posibilidad de un renacer psíquico</strong>.</p><p>Desde la mirada freudiana, el duelo no debe apresurarse ni evitarse. Es un <strong>trabajo interior que honra la pérdida</strong>, la nombra, la comprende y permite seguir adelante. Freud nos recuerda que el dolor, cuando se elabora, puede ser transformador.<br>Así, el duelo deja de ser solo ausencia y se convierte en <strong>memoria, significado y crecimiento</strong>.</p><p>Duelo no es olvido. Duelo es aprender a amar distinto.</p>

Preguntas y respuestas

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